¿Cuántas guerras civiles ha tenido España?

 ¿Cuántas guerras civiles ha tenido España? Una revisión desde el siglo XVIII

 

Introducción

Cuando se alude al término Guerra Civil Española, de forma automática se piensa en el conflicto de 1936-1939 entre republicanos y nacionales. Sin embargo, si ampliamos el foco histórico y nos preguntamos desde cuándo existe España como nación, podemos replantear la historia reciente y considerar que la Guerra Civil no fue un hecho aislado, sino parte de una serie de conflictos internos que marcan la evolución del Estado español.

En este artículo se plantea una revisión de las guerras civiles en España desde el siglo XVIII hasta el siglo XX, analizando su contexto, causas, desarrollo y consecuencias. Dejando de manifiesto que, sin duda, el conflicto de 1936 no es un hecho aislado sino más bien el último de una larga sucesión de conflictos en los cuales los propios españoles fueron los protagonistas matándose unos contra otros por la elección de un rey u otro, un sistema político u otro o, simplemente, unos ideales. Haciendo del odio la bandera de ambos bandos, irreconciliables en dichos conflictos, quedando siempre un único perdedor, España.

 

¿Desde cuándo podemos hablar de “España” como nación?

Hablar de España como nación es un tema complejo a la vez que ambiguo. España existe desde hace 3.000 años, surgió como una provincia romana y englobaba a los actuales España y Portugal –y Gibraltar-. Su evolución ha sido cambiante a lo largo de la historia, pasando por provincia romana, territorio y país de los visigodos, Reconquista cristiana, unidad territorial con los Reyes Católicos, Estado-nación con los borbones o Estado constitucional a partir de 1812, entre otras cosas.

Para poder hablar de guerras civiles en España habría que matizar la época y terminología a la que nos referimos ya que aquí también se enfrentaron romanos entre si y visigodos donde los “españoles” de entonces fueron los protagonistas. Pero no es el caso que nos ocupa.

Para hablar de una guerra civil nos vamos a centrar en el Estado-nación. Aunque la unidad dinástica y territorial se remonta a los Reyes Católicos en el siglo XV, España como Estado-nación moderno empieza a tomar forma con los Borbones en el siglo XVIII. La Guerra de Sucesión Española (1701-1714), además de un conflicto internacional fue también y, sobre todo, una guerra entre dos visiones de España: una centralista-borbónica y otra foralista-austriacista, defendida, en su mayoría, por la Corona de Aragón.

Por ello, antes de llegar a la guerra civil por todos conocida (1936-1939) y considerando que España es una nación desde el comienzo del siglo XVIII, se pueden constatar unos cinco conflictos bélicos civiles, divididos en 3 partes (Guerra de Sucesión, Guerras Carlistas y Guerra Civil).

la Guerra Civil no fue un hecho aislado, sino parte de una serie de conflictos internos que marcan la evolución del Estado español

Primera guerra civil: La Guerra de Sucesión Española (1701-1714)

Contexto histórico

Tras la muerte sin descendencia de Carlos II (el Hechizado), último monarca Habsburgo, se desata una lucha por el trono entre Felipe de Anjou (nieto de Luis XIV de Francia, de la casa Borbón), futuro Felipe V y el archiduque Carlos de Austria (proclamado como Carlos III[1]).

El testamento fue un quebradero de cabeza tanto para la familia real y las personas cercanas a la corte como para las principales potencias europeas y en seguida desembocó en conflicto. En este sentido, Carlos II había designado a José Fernando de Baviera como su heredero, pero este murió en 1699. Entonces Carlos II redactó de nuevo otro testamento en 1700, esta vez estableciendo a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y de su hermana, la infanta María Teresa de Austria. A pesar de ello, Mariana de Neoburgo, la segunda esposa de Carlos II y reina consorte de España desde 1689 a 1700, apoyaba a su sobrino, el archiduque Carlos de Austria, hijo del emperador Leopoldo I de Habsburgo.

El problema no se quedó en casa, al revés. Mientras que a Felipe de Anjou le apoyaba Francia, a Carlos Inglaterra y los Países Bajos, enemigos de España durante el siglo XVII pero que ahora, sin embargo, rivalizaban la hegemonía europea con Francia. Y es que España era un pastel muy apetecible.

Aunque el conflicto se internacionalizó, lo que nos interesa es que en España se convirtió en una guerra civil, ya que mientras la mayoría de España –a grandes rasgos y con matices- apoyaba a Felipe, el reino de Aragón –sobre todo- apoyaba a Carlos.

Es decir, hay un casus belli en torno a:

-        Disputa dinástica sobre la sucesión de la corona española.

-        Temor europeo a una unión entre Francia y España bajo los Borbones.

-        Enfrentamiento interno entre territorios que apoyaban a uno u otro pretendiente.

Desarrollo

Entre 1701 y 1713 estalló el conflicto –europeo y civil español- (Guerra de Sucesión) por el trono de España que se extendió por toda Europa pero que tuvo su principal escenario en España, tomando el carácter de guerra civil, pues hubo dos bandos ya definidos que apoyarían a uno u otro pretendiente al trono –borbones o Habsburgo (austracistas)-.

Castilla, sobre todo, apoyó a los borbones ya que Felipe se mostraba más centralista –ámbito político- mientras que Valencia, Cataluña, Aragón y Mallorca apoyaban a Carlos porque era más partidario de un respeto al gobierno foral y no tan centralizado. Esto, a simple vista, nos choca, ya que la corona de Aragón –sobre todo Cataluña- se ha mostrado más cercana a Francia y los Borbones, sin embargo, en este sentido, cambia la visión política por el tema político.

Las principales batallas en suelo español, aquellas que decidieron la guerra, fueron Almansa (1707), Zaragoza (1710) y Barcelona (1714). Era una guerra que se creía, en un primer momento, rápida, pero sin embargo se alargó. A pesar del esfuerzo, la guerra cambió de rumbo hacia el lado borbón ya que Carlos III fue proclamado emperador del Sacro Imperio Romano y Germánico en 1711, abandonando progresivamente el suelo español.

Así, los que apoyaban a los Habsburgo quedarían solos en la guerra, mientras que los borbones atacaban desde Madrid, controlando todo el territorio. En 1714 se termina la guerra con el famoso bombardeo de Barcelona, como último reducto rebelde.

En este sentido, las consecuencias de la guerra serán:

-        Victoria borbónica y centralización del poder en la monarquía absoluta.

-        Decretos de Nueva Planta: abolición de fueros y autonomía en los territorios vencidos (especialmente en la Corona de Aragón).

-        Primer gran paso hacia la homogeneización del Estado español.

 en España se convirtió en una guerra civil, ya que mientras la mayoría de España –a grandes rasgos y con matices- apoyaba a Felipe, el reino de Aragón –sobre todo- apoyaba a Carlos

Segunda guerra civil: Las Guerras Carlistas (1833-1876)

Contexto histórico

Tras la muerte de Fernando VII (el deseado), su hija Isabel fue proclamada reina como Isabel II, desatando con ello la oposición de los absolutistas -partidarios del hermano del rey, Carlos María Isidro-. Este conflicto marca el choque entre el absolutismo y el liberalismo, con una estructura social, territorial e ideológica enfrentada.

Surgen así los carlistas (en honor a Carlos María Isidro), absolutistas, y los isabelinos (Partidarios de Isabel II), liberales, desatando un choque político e ideológico que desembocará en las denominadas guerras carlistas, que coparán la segunda mitad del siglo XIX. Dos bandos irreconciliables que serán los protagonistas de la política y sociedad en una España que acababa de salir de la Guerra contra el francés y el Absolutismo borbónico.

El año 1833 será la tónica pues rápidamente, nada más ser proclamada Isabel II como reina de España, los carlistas se levantarán en armas –sobre todo en las vascongadas, navarra, Aragón, la Rioja, Cataluña, y ciertas zonas de Castilla-.

En resumidas cuentas, el casus belli se puede enumerar en:

Disputa sucesoria: Ley Sálica vs. Pragmática Sanción.

Oposición entre liberalismo (pro-Isabel) y tradicionalismo foralista y absolutista (pro-Carlos).

Tensiones entre un modelo centralista y otro regionalista.

Así, nada más morir su hermano, Carlos María Isidro publicó el Manifiesto de Abrantes en octubre de 1833 proclamándose rey y desencadenando así la guerra. Francia, Reino Unido y Portugal, apoyaron la causa de la reina, pero las potencias de Rusia, Austria y Prusia no quisieron reconocer al gobierno y apoyaron al pretendiente carlista.

Tras la muerte de Fernando VII (el deseado), su hija Isabel fue proclamada reina como Isabel II, desatando con ello la oposición de los absolutistas -partidarios del hermano del rey, Carlos María Isidro-. Este conflicto marca el choque entre el absolutismo y el liberalismo, con una estructura social, territorial e ideológica enfrentada

Desarrollo

Aunque comienza el conflicto en 1833, las guerras Carlistas fueron 3 –sin tener en cuenta, la guerra civil- abarcando gran parte del siglo XIX:

Primera Guerra Carlista (1833-1840): especialmente en Navarra, País Vasco, Aragón y Cataluña. Fue el conflicto más extenso, originado por la oposición carlista a la reina Isabel II y buscando la coronación de Carlos María Isidro de Borbón. Los carlistas a pesar de ser superiores en número, la mayoría no pudieron actuar activamente debido a la represión del gobierno. Geográficamente, donde mayor apoyo popular tenía la causa carlista era en gran parte de Castilla la Vieja, la zona de Tortosa y la montaña de Cataluña, peo donde mejor se organizaron fue en Castilla la Vieja, Extremadura y Andalucía.

A pesar de ello, triunfaron solamente en el norte, en la mayor parte de las Provincias Vascongadas y Navarra, ya que la legislación foral, que dejaba la subinspección de los cuerpos en manos de las respectivas diputaciones, había permitido que los Voluntarios carlistas no fueran purgados allí como en el resto de España (Bullón de Mendoza).

La batalla de Luchana y el intento de tomar Madrid por parte de los carlistas fueron episodios muy importantes y, sin embargo, a partir de 1837 la iniciativa en la guerra correspondió a los liberales comandados por Espartero. Esto llevó a la firma del tratado de Vergara (Abrazo de Vergara) en agosto de 1839 donde se ponía fin a la guerra, que se hará efectivo al año siguiente.



Segunda Guerra Carlista (1846-1849): menor en intensidad. Esta segunda guerra se corresponde con un cambio crucial para el carlismo ya que estaban perdiendo apoyos y adeptos como se observa en personalidades famosas que tras el abrazo de Vergara se desligaron de la causa. En este sentido, Carlos María abdica en su hijo, Carlos Luis de Borbón y Braganza (conde de Montemolín), con la intención de que este procurase contraer matrimonio con su prima Isabel II y resolviese así el pleito dinástico. Carlos Luis será nombrado Carlos VI y buscará apoyos tanto dentro de España como fuera, sobre todo en Inglaterra a partir de 1844. Tras el rechazo de Narváez a la boda con Isabel II y a que esta anunciase matrimonio con uno de sus primos, da comienzo la ofensiva carlista, que tuvo su foco sobre todo en Cataluña. Tras ello, la insurrección se extendió a Guipúzcoa, Navarra, Santander, Extremadura y Andalucía, por mencionar algunos ejemplos significativos. Sin embargo, los autores coinciden en que no hubo unidad entre los carlistas. Esta falta de unidad se puede resumir en:

El pretendiente carlista estaba fuera de España. Muchos carlistas querían que entrase en España para la guerra.

El carlismo cambió el lema “Religión y D. Carlos” por “Constitución y Carlos VI”, un lema que algunos vieron vacilante e interesado –pues se pretendía ganar apoyos entre los liberales-. los carlistas eran profundamente católicos y lo de cambiar la religión por la constitución les parecía un insulto.

La guerra se prolongó hasta el 27 de enero de 1849. En este año el general Cabrera Fue herido y derrotado lo que declinó la guerra del lado Isabelino. Además, el 4 de abril Carlos Luis entró en España, pero fue detenido y llevado a prisión. Para más inri, los apoyos exteriores no llegaron nunca ante las escasas posibilidades de victoria. Los carlistas abandonados a su suerte sucumbieron.

Tras ello y antes de la 3ª Guerra Carlista, hubo varios intentos de insurrecciones que no llegaron a triunfar como el levantamiento de 1855, el desembarco San Carlos de la Rápita (1860), otro intento de insurrección en 1869 y la escodada (1870). Tras los sucesivos intentos y fracasos, se producen conspiraciones que darán lugar a la 3ª guerra carlista.

Tercera Guerra Carlista (1872-1876): último intento de restaurar el carlismo, con fuerte apoyo en zonas rurales. En 1870 el general Cabrera dimitía como jefe político y militar del carlismo por creer que no se daban las "condiciones razonables de alcanzar el triunfo por las armas" y no querer exponer a España a una nueva guerra civil. Esta guerra se desarrolló sobre todo en el norte peninsular (Vascongadas y Navarra) y Cataluña y la zona de “El Maestrazgo”. A los alicientes, ya sabidos por todos (defensa del orden y la unidad católica, restauración de los fueros abolidos por los decretos de Nueva Planta por Felipe V…), esta vez fue muy influyente la fuerza del levantamiento en Cataluña y en menor medida en Valencia y Aragón. Aunque se alzaron también ciertas partidas en el resto del territorio peninsular -sobre todo en áreas montañosas donde practicaban el bandolerismo debido a su marginalidad y escasa eficacia a la hora de establecer un vínculo con el pueblo que facilitara su actividad guerrillera-. A pesar del aumento tanto cualitativo como cuantitativo del ejército carlista, sus esfuerzos se vieron frustrados.

Recordemos que Carlos VI había renunciado anteriormente a sus derechos y el carlismo atravesaba un periodo de desconcierto. Era la princesa María Teresa de Portugal (o Braganza) -princesa de Beira, viuda de Carlos V- sobre quien recaía el liderazgo del carlismo hasta que apareciese un pretendiente. Carlos VI moría en 1861 de manera repentina y su hermano Juan era un declarado liberal, sin embargo, el hijo de este, Carlos de Borbón y Austria-Este sería el pretendiente del carlismo que será proclamado como Carlos VII.

Surge una nueva oportunidad para el carlismo ya que Carlos VII representaba los valores tradicionales y además la reina Isabel II se había visto obligada a salir de España debido a la Revolución de 1868 –La Gloriosa-. Se instaura la democracia en España y se eligió a Amadeo de Saboya (Amadeo I) como un rey liberal. Esto no solo contrarió a los carlistas sino a muchos moderados que vieron en Don Carlos una alternativa a las medidas revolucionarias (separación Iglesia-Estado, libertad de culto, educación laica…). Así, el carlismo aumentaba su número, convirtiéndose en 3ª fuerza más votada en el parlamento en 1871, mientras España se preparaba para un nuevo periodo caótico. En este sentido, para el carlismo la vía democrática no era suficiente y preparaban un nuevo alzamiento militar para entronizar a Don Carlos como rey de España.

Serán las elecciones de 1872 las que dieron a los carlistas la oportunidad para rebelarse ya que fueron acusados de fraude electoral y además perdieron 13 escaños. El golpe estaba ya preparado. Fue Don Carlos quien dio la autorización para el golpe que se llevaría a cabo en abril de ese mismo año, habiendo hablado con ciertos gobiernos conservadores de Europa para convencerles de que apoyasen la insurrección contra la España liberal. Así, por orden Carlos VII, el levantamiento se haría al grito de ¡Abajo el extranjero! ¡Viva España!

Primero se levantarían las guarniciones de ciudades catalanas y de Pamplona, para después rebelarse Bilbao. Por último, una insurrección general en Cataluña, en Navarra y en las Provincias Vascongadas daría comienzo a las operaciones militares. La guerra estalló y aunque no tuvo la misma repercusión en el resto de España, también Castilla y ciertas regiones de Andalucía y Aragón lo apoyaron en un primer momento.

Carlos VII llegó incluso a organizar el Estado carlista con varias diputaciones y alguna secretaria de Estado.

El final de la guerra fue aceptado de manera unánime por ambos bandos y los carlistas que renunciasen serían acogidos en el ejército nacional de España.

Como Consecuencias habría que establecer que:

Se consolida el Estado liberal español.

Se refuerza el centralismo.

Se asienta una larga tradición de inestabilidad política, que alimentaría futuros conflictos político-sociales.

No será hasta la Guerra Civil de 1936-1939 cuando los carlistas vuelvan a combatir bajo un ejército contra un enemigo, esta vez saliendo victoriosos en la guerra.

 

Tercera guerra civil: La Guerra Civil Española (1936-1939)

Contexto histórico

En un clima de polarización ideológica y social, tras el fin de la monarquía de Alfonso XIII, la Segunda República intentó ser el sistema imperante en España. Sin embargo, dicho sistema será –a ojos de muchos historiadores- el principal problema pues desde su nacimiento tanto anarquistas como socialistas, por un lado, como militares y conservadores-religiosos, por el otro lado fueron quienes intentaron derribar el sistema republicano. A través de insurrecciones revolucionarias, intentos de golpes de Estado… la Republica tenia los días contados.

En este contexto convulso y polarizado, el 18 de julio de 1936 estalló la guerra civil entre el gobierno republicano y el bando rebelde, una guerra que se prolongará durante 3 años y que derrocará a la Republica.

Se crearon dos bandos irreconciliables: el Bando republicano (republicanos de izquierdas, comunistas, socialistas y anarquistas) y el Bando nacional (católicos, monárquicos, falangistas, militares rebeldes y republicanos de derecha), el primero recibía apoyo de la URSS y el bando nacional de Alemania e Italia.

En este sentido, el Casus Belli básicamente se resume en:

Reforma agraria, secularización y autonomía regional generaron tensiones.

Pistolerismo, victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936.

Quema de conventos y persecución de católicos, sobre todo, aunque de opositores en su mayoría (falangistas y derechistas).

Asesinato de Calvo Sotelo (líder de la oposición).

Golpe militar fallido (desde África) que deviene en guerra abierta entre el gobierno republicano y los sublevados (nacionales).

A través de insurrecciones revolucionarias, intentos de golpes de Estado… la Republica tenia los días contados

Desarrollo

Surge una guerra que se caracteriza por la intervención extranjera (similar, a grandes rasgos, que la guerra de Sucesión): Alemania, Italia y la URSS, siendo la guerra civil un “ensayo” de lo que vendría después, la Guerra Mundial.

Aparece y se acentúa un conflicto brutal, marcado por la represión, la propaganda y la violencia en ambos bandos.

Se establece una guerra larga, de conquista, para no dejar ningún frente abierto, para controlar todo el territorio y que este quede bajo uno de los dos bandos, finalmente será el Bando Nacional quien gane la guerra en 1939, imponiendo una dictadura en la figura del general Franco.

Consecuencias

Fin de la Republica y comienzo de la dictadura de Franco (1939-1975).

Represión, exilio y ruptura social profunda.

Intento de Modernización de un país que estaba aislado internacionalmente. Prohibición de los partidos. Implementación de un Estado Nacional-católico. Autarquía en un primer momento, sobre todo en la posguerra, racionamiento de recursos y medidas para salir del aislamiento, aperturismo e industrialización.

Aparece un sistema autoritario, dictatorial, personificado en la figura de Franco, que irá cambiando según el contexto internacional para sustentarse en el poder.

 

Conclusión.
Una nación marcada por guerras civiles

Por lo tanto, en resumen, analizando estos conflictos en conjunto, podemos hablar de al menos tres grandes guerras civiles en la historia de España (desde que la consideramos como nación):

Guerra de Sucesión Española (1701-1714): conflicto dinástico y territorial.

Guerras Carlistas (1833-1876): luchas ideológicas y forales.

Guerra Civil Española (1936-1939): enfrentamiento ideológico-político y entre república y autoritarismo.

Se observa, por tanto, que todas ellas reflejan tensiones estructurales persistentes en España: entre centralismo y periferia, tradición y modernidad, monarquía y república, conservadurismo y progreso. España no ha tenido una única guerra civil, sino una serie de guerras fratricidas que han dado forma al país que conocemos hoy.

Además, las heridas de todas ellas se mantienen vivas gracias a que España es incapaz de abrazar la reconciliación nacional y mirar en una única dirección, gracias también, como se observa en la actualidad política y social del país a unos gobernantes que alardean de estos conflictos para con sus intereses partidistas y tener a la gente, a los votantes, a los ciudadanos en su conjunto “ocupados” en esos conflictos sin que por ello se centren en la actualidad que realmente les perjudica. Es decir, las guerras civiles de España siguen vivas porque la gente está dividida.

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