Los Tercios en los versos de Calderón de la Barca

 Los Tercios en los versos de Calderón de la Barca

 

    Calderón de la Barca (1600-1681) no solo fue escritor de las doradas letras españolas, sino que también fue soldado de los temidos y afamados tercios españoles –espina dorsal del vasto imperio de la Monarquía Hispánica-. El autor de la vida es sueño dedica unos versos a los tercios y, gracias a ello, podemos saber de la mano de un coetáneo como eran estos soldados, de una de las mejores infanterías de la historia.

El poema pertenece a la comedia Para vencer amor, querer vencerle. En él se describe, como se ha mencionado, a los Tercios, la infantería española de los siglos XVI y XVII, celebérrima por su disciplina y valor, por sus victorias y batallas en general, por su temeridad, forma de combatir, fe, espiritualidad…

Y el poema dice así:

        “Este ejército que ves / Vago al hielo y al calor”

Empieza definiendo un ejército curtido en batallas y adaptado a climas extremos y sacrificios. Resistencia y dureza lo definen. En ambos versos se puede descifrar que los soldados viven a la intemperie, sin comodidades, soportando climas extremos.

Calderón de la Barca (1600-1681) no solo fue escritor de las doradas letras españolas, sino que también fue soldado de los temidos y afamados tercios españoles

“La república mejor y más política es del mundo”

Los Tercios eran una sociedad dentro de la sociedad, un microcosmos militar donde la organización era ejemplar. El ejército representa la “república” más perfecta, la más justa comunidad organizada. Es decir, la milicia es un organismo ejemplar donde predominan el mérito y justicia.

“En que nadie espere que ser preferido pueda por la nobleza que hereda, sino por la que él adquiere”

Como se ha mencionado la justicia y la meritocracia están a la orden. La promoción se ganaba por méritos, no por cuna. Aunque había oficiales nobles, muchos soldados de origen humilde podían ascender si demostraban valor y capacidad. O séase en el ejército no se asciende por privilegios, sino por el mérito. Se exalta el mérito personal frente a los privilegios de nacimiento. Aquí los títulos no mandan. Solo el valor ganado en campaña otorga nobleza. Es decir, en la pólvora todos sangran igual. Surge, así, la idea de un primitivo socialismo militar.

        “Porque aquí a la sangre excede / el lugar que uno se hace, / y sin         mirar cómo nace, / se mira cómo procede”

Continua el autor con el verso anterior, aquí no importa la sangre (el linaje), sino la conducta (la virtud). Se defiende una ética basada en el honor ganado, no en el heredado.  Se premian los hechos, las acciones, más que la sangre.

        “Aquí la necesidad / no es infamia; y si es honrado, / pobre y                     desnudo un soldado / tiene mayor calidad.”

Se remarca el hecho de la preminencia de la justicia, sin importar de donde provenga un soldado. La pobreza no deshonra, al contrario, la honradez es la dignidad. Se reivindica el honor del pobre soldado, frente al desprecio social. Es decir, aunque el soldado no tenga donde caerse muerto, como a menudo se dice, tiene la virtud de combatir. O lo que es lo mismo, la miseria no lo es cuando se sirve con honra.

        “Que el más galán y lucido; / porque aquí a lo que sospecho, / no             adorna el vestido al pecho, / que el pecho adorna al vestido.”

El autor pone de manifiesto el valor interior (el pecho es sinónimo de corazón) ya que este ennoblece más que la apariencia misma. Aparece una crítica al culto de la vanidad y se exalta la valentía.  Es decir, el sayo roto del veterano luce más que la seda del cortesano. O lo que es lo mismo, el valor es la mejor gala del hombre. Las apariencias no importan a la hora de combatir, es más, son innecesarias, se aprecia el valor como único sustento del ejército en batalla.

        “Y así, de modestia llenos, / a los más viejos verás, / tratando de             ser lo más, / y de parecer lo menos.”

En estos versos, el autor hace hincapié de nuevo en la poca validez de la apariencia. Y es que los veteranos, aunque más mayores, se muestran humildes. La modestia, pues, es signo del verdadero mérito. Presume menos el que más batallas ha librado. El rostro de los veteranos –soldados viejos- es el que lo dice todo, a menudo curtido.

la milicia no es más que una religión de hombres honrados.

        “Aquí la más principal / hazaña es obedecer, / y el modo cómo ha         de ser / es ni pedir ni rehusar.”

Una característica clave, admirable y de vital importancia –alabada incluso por los enemigos- es la obediencia del soldado de los tercios. Se pone de manifiesto que la mayor virtud militar es la obediencia. Eso sí, sin queja ni vanidad. El honor, por tanto, como muestra el autor, se demuestra cumpliendo órdenes con disciplina y humildad. El soldado no pregunta, solo cumple las órdenes. Además, quien manda se fía de quien obedece con silencio. Y es que el silencio, aunque no aparezca en el poema, es sinónimo de obediencia, y esta de disciplina, honor… que, a su vez, son virtudes del soldado.

        “Aquí, en fin, la cortesía, / el buen trato, la verdad, / la fineza, la             lealtad, / el honor, la bizarría;”

El soldado ideal, según estos versos, reúne virtudes morales y sociales. Así, de este modo, el ejército debe ser escuela de civismo, no solo de armas. Estas características describen al soldado, buscando un equilibrio entre la batalla y la camaradería, la comunidad, esa sociedad militar, paralela a la otra sociedad, pero, sin embargo, similar. Es decir, son soldados (brutos, toscos…), sí, pero entre ellos reina la verdad, el respeto, la lealtad…, que a su vez les acompaña en la batalla.

        “El crédito, la opinión, / la constancia, la paciencia, / la humildad         y la obediencia, / fama, honor y vida son”

Continua el autor enumerando las virtudes (características a su vez) del soldado. Establece estas virtudes como la riqueza (que es el caudal –como se verá a continuación-) del soldado pobre. La moral, en este sentido, sustituye a la fortuna material. Es decir, su tesoro es la reputación, la honra, el honor, la fama… no es dinero. O lo que es lo mismo: el respeto ajeno es su paga.

         “Caudal de pobres soldados; / que, en buena o mala fortuna, / la             milicia no es más que una / religión de hombres honrados.”

A vueltas con lo mismo, este es el patrimonio del soldado: su honor. La frase de “la milicia es una religión de hombres honrados” se interpreta como que la vida militar es un sacerdocio laico, es decir, el servicio al rey y a la patria se convierte en culto moral. Son pobres, pero ricos en honra, por lo que la milicia no es un oficio, es religión.

el poema es una exaltación de los Tercios como ejemplo de modelo del mérito, la resistencia y disciplina


En su conjunto, el poema es una exaltación de los Tercios como ejemplo de modelo del mérito, la resistencia y disciplina. Calderón transforma la poesía en un homenaje a la organización militar que defendió la monarquía hispánica en Europa durante aproximadamente unos 150 años. La poesía se convierte en un vehículo de exaltación de la grandeza de la patria y la memoria de una de las más grandes, afamadas y temidas infanterías.

De este modo, el autor destaca la dignidad del soldado español, la milicia como el orden moral y social, la justicia e igualdad dentro del ejército, que a su vez es una sociedad –militar-, el mérito es convertido en una virtud y desecha el linaje y las apariencias.

El poema es un código de honor de los tercios, una especie de catecismo militar del soldado español, un código de conducta y disciplina, una alabanza u oda al ejército… salido de la pluma de uno de sus soldados, además de poeta del siglo de oro. Es decir, es como si fuera una confesión del autor, defendiendo las armas como esa religión de hombres honrados.

Y es que, si el imperio español fue el más grande es porque sus ejércitos también lo fueron, los tercios fueron la espina dorsal de ese imperio, de igual forma que lo fue el Siglo de Oro, la Escuela de Salamanca, el Barroco…Y gran parte de los conocimientos que sabemos acerca de ellos es gracias a gente como Calderón, entre otros tantos.

 

CONCLUSIÓN

Servir en los Tercios no era solo empuñar arcabuz o pica; era vivir bajo una regla más severa que la de un convento. Aquí el pobre tenía valor por su mérito, el noble se medía por su ejemplo, y el honor era la moneda que no se gastaba. Eran peregrinos de la guerra, hermanos en la necesidad, y creían que la patria se defendía con la virtud, no con el dinero. Por eso, Calderón lo remarcó bastante claro: la milicia es la religión de los hombres honrados.

Desde su significado filosófico y moral se puede establecer:

Mérito sobre linaje: el ejército como espacio de movilidad social y justicia meritocrática.

Honra sobre riqueza: el honor interior sustituye al lujo exterior.

Obediencia y disciplina: la autoridad se legitima en el servicio y el sacrificio.

Milicia como religión: ser soldado implica fe, lealtad y sacrificio, valores trascendentes.

Humanismo cristiano y estoico: el poema encarna la ética del estoicismo español del Siglo de Oro, como la paciencia, modestia, o virtud en la adversidad.

 

REFERENCIAS

Albi de la Cuesta, de Pavía a Rocroi, desperta ferro, 2017.

Calderón de la Barca, P., El alcalde de Zalamea, Cátedra, 1994.

Carboneras, Juan V., España mi natura, Edaf, 2020.        

Esparza, José J., Tercios, la esfera de los libros, 2020.

García Cárcel, R., Los Tercios: el ejército del imperio español, Crítica, 2006.

Marías, J., España inteligible, Espasa-Calpe, 1985.

Parker, G., The Army of Flanders and the Spanish Road, Cambridge University Press, 1972.

Saer, Juan J., El concepto de honra en el Siglo de Oro español, UCM, 1999.

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