La Escuela de Salamanca, el antecedente del Liberalismo económico
La Escuela de Salamanca, el antecedente del Liberalismo económico
La Escuela de Salamanca,
encabezada por Francisco de Vitoria, sentó las bases del funcionamiento del
mercado y los principios del crecimiento económico creándose una verdadera
escuela de economía española a través de los escolásticos durante los siglos
XVI y XVII.
Esta escuela influyó en
las teorías del Liberalismo económico de Locke y Adam Smith, un siglo después,
que acabaron desembocando en la Economía de Mercado, desarrollándose el
capitalismo como sistema económico en Inglaterra, primero, y en el resto del
mundo, después.
Introducción
El liberalismo económico
surge, según la historiografía tradicional, a través de los postulados de
Locke, primero, y Adam Smith, después, en Inglaterra, desarrollándose un
sistema económico nuevo que rompe con la época anterior en la que predominaba
el feudalismo y absolutismo monárquico en lo político y social y el
mercantilismo en el aspecto económico.
Durante los siglos XVI y
XVII, en torno a las universidades de Salamanca, Sevilla, Valencia y Alcalá de
Henares, se habían sentado las bases del funcionamiento del mercado y los
principios del crecimiento económico, desarrollándose una verdadera escuela de
economía española a través de los escolásticos.
Esta escuela, supuso el
antecedente de la economía de mercado que se establece en las teorías liberales
de Adam Smith y los escolásticos españoles influyeron entre otros, también, en
John Locke o John Adams. Sin embargo, esta escuela, contra todo pronóstico, se
pudo poner en practica –igual que la Escuela Militar Española que también se había
desarrollado-gracias al desarrollo intelectual, militar, cultural e industrial
de la España de los siglo XVI y XVII. A menudo olvidamos que España fue una
potencia, no solo militar, comercial e industrial que desde finales del siglo
XV había hecho posible la unión del occidente conocido con un nuevo mundo,
conectando todo el comercio internacional por aquel entonces.
El termino Escuela de Salamanca hace referencia a un conjunto de profesores, sobre todo teólogos –punteros en el Concilio de Trento-, de diversas ramas del saber, con Francisco de Vitoria a la cabeza de todos ellos. Se materializó en el Siglo de Oro español y tuvo influencias en España y fuera de España. Aparte de la economía, se desarrollan otras ciencias en la escuela salmantina. El olvido y ostracismo de esta importantísima escuela se debió a la incomodidad de las naciones protestantes que comienzan a escribir la ciencia a partir del siglo XVIII y también al olvido propio de los españoles, como es patente en la historia. Hoy en día está resurgiendo la historiografía de la Escuela de Salamanca, reconociéndose, poco a poco su labor e importancia. En los años 50 del siglo XX, por ejemplo Schumpeter reivindicó la aportación de los salmantinos a la economía, aunque también hay que añadir los estudios de Marjorie Grice-Hutchinson sobre esta escuela[1].
La Escuela de Salamanca sentó las bases del funcionamiento del mercado y los principios del crecimiento económico creándose una verdadera escuela de economía española a través de los escolásticos
Contexto
En el siglo XVI, cuando
se desarrolla la Escuela de Salamanca, el mundo occidental se había visto
moldeado o influido por el descubrimiento de América, la aparición del
Humanismo y la Reforma protestante, entre otros hechos. En la Edad Moderna la
concepción del hombre y su conjunto, la sociedad, cambiará. Esto será
fundamental para la Escuela de Salamanca ya que no solo abordó los temas
económicos.
La Escuela se centró en
estudiar sobre todo la teología y la economía, sin embargo, ahondó en temas
como la teología a la que cambió, la moral, la existencia del mal en el mundo,
el derecho y la justicia, entre otras materias.
En cuanto a la teología,
la Escuela, mediante Francisco de Vitoria, experimentó un auge, ya que con la
llegada del humanismo esta había entrado en una metodología rutinaria, según
los expertos. Aquí se manifiesta un
renacimiento del tomismo. Ahora, con un carácter más práctico, la teología (positiva)
se acerca a los problemas de la sociedad y el hombre. La utilidad de la moral
se debe, en este sentido, a que nos hallamos en una época en la cual la
religión dominaba todo –política, sociedad, educación…-. Se suceden varios
análisis desde el punto de vista económico y jurisdiccional en cuanto a los
problemas morales de la sociedad. A partir de este momento, comenzó a surgir el
probabilismo en el cual el criterio se basaba en no elegir el mal.
Una idea novedosa e
innovadora fue la teorización del mal. Es decir, se puede hacer el mal a pesar
de conocer a Dios y, viceversa, se puede hacer el bien aunque no se conozca a
Dios. Es decir, el mal existe, la moralidad no depende la divinidad. Con ello,
Vitoria introdujo una nueva imagen de la divinidad para la explicación del mal
en el mundo. Aquí aparece la teoría del libre albedrío ya que la libertad del
hombre es concedida a este por Dios y el hombre a su vez actúa eligiendo el
bien o el mal. Esto, a su vez desató una polémica entre dominicos y jesuitas
debido a la conciliación del libre albedrio en cuanto a la omnipotencia de
Dios. La polémica desató un enfrentamiento interno en el que finalmente tuvo
que intervenir el papa, Paulo V, reconociendo la libertad para defender las
ideas tanto de jesuitas como de dominicos.
La Escuela de Salamanca
desarrolló una doctrina jurídica que ponía fin a los conceptos medievales del
derecho. Reivindicaba la libertad. Así los derechos naturales del hombre
ocuparon un lugar central. Aparece el derecho a la vida, a la propiedad,
derecho de libertad de pensamiento, derecho a la dignidad…. Se reformuló el
derecho natural ya que este surge de la misma naturaleza. Con ello se explica
que como todos los hombres comparten la
misma naturaleza también debían compartir los mismos derechos, igualdad y
libertad. En este sentido, surge la explicación en la que el hombre no es un
ser que vive solo sino que se relaciona con otros hombres, no vive aislado sino
en sociedad y por ello la ley natural no se limita al individuo sino que más
bien se establece en el conjunto de la sociedad. La justicia será un ejemplo en
cuanto que la ley natural se realiza dentro de la sociedad.
Con ello, surgió también,
gracias a la Escuela de Salamanca, la teoría sobre la soberanía. Esto rompía
con los esquemas medievales. Se distinguen a partir de este momento dos
potestades, la civil o natural y la sobrenatural. Lo que venían a decir con
esto era que al separar las potestades se establecía una limitación del poder real
y del poder del papa sobre las almas, sobre las personas, es decir, el rey o el
emperador no tenían jurisdicción sobre las almas, así como el Papa tampoco tenía
poder temporal. Se propuso que el poder de quien gobierna tiene limitaciones.
En este sentido, Luis de Molina va mas allá alegando que una nación es análoga a una sociedad mercantil en la que los
gobernantes serían los administradores, pero donde el poder reside en el
conjunto de los administrados considerados individualmente. Los salmantinos
por tanto rechazaban el término mediante el cual el poder del gobernante
emanaba del poder divino. Es decir, el pueblo es el receptor de la soberanía y
el gobernante la transmite según las condiciones. La soberanía del pueblo la
defendió Francisco Suarez estableciendo que la comunidad se crea mediante la
libre voluntad y el poder político es contractual, con ello, la forma de
gobierno sería una democracia siendo la monarquía u oligarquía instituciones
secundarias pero justas si las ha elegido el pueblo.
A raíz de la teoría jurisdiccional
y, concretamente, mediante el Derecho de Gentes, Vitoria trasladó sus teorías sobre el poder
soberano legitimo sobre la sociedad al ámbito internacional, estableciendo que,
consecuentemente, el ámbito internacional también debe regirse por unas normas
justas y respetando los derechos de todos.
Es decir, el bien común del orbe
es de categoría superior al bien de cada estado. Así, las relaciones entre los estados deben
sustituir la fuerza por el derecho y la justicia. El derecho, así, según los
autores, debía ser común a todas las naciones, igual que el derecho individual
era algo común a las personas de una sociedad. Se estableció la manera para
justificar la guerra. La Escuela de Salamanca estableció que solamente se podía
recurrir a la guerra para evitar un mal mayor, previo establecimiento de un
acuerdo regular. En este sentido, la “guerra justa” tenía los pilares en la
defensa propia, en la guerra preventiva contra un tirano o como castigo a un
enemigo culpable, entre otras razones. La guerra injusta o ilícita, por el
contrario, sería aquella que utilice más violencia de la necesaria, es decir
una respuesta no proporcional al mal.
A pesar de todo lo
anterior, la Escuela contó con otros tantos tratados sobre temas diversos como
la administración, la justicia… pero, sin duda, el énfasis se puso en la
materia económica, revolucionando las teorías.
La Economía
Schumpeter, en 1954, es
quien denomina a la Escuela de Salamanca de economistas, aunque con
anterioridad ya se la conocía. Schumpeter, tras estudiar la doctrina
escolástica, sobre todo la española, elogió el alto nivel de la ciencia
económica española del siglo XVI mereciéndose esta el título de “fundadora de
la ciencia económica”. La Escuela de Salamanca estableció las primeras teorías
económicas modernas para afrontar los nuevos problemas que habían surgido.
Desgraciadamente, no hubo continuación desde finales del siglo XVII, y muchas
de sus aportaciones acabaron olvidadas para ser redescubiertas décadas después.
En tal caso, La Escuela de Salamanca estableció la importancia del comercio, ya
que era consecuencia del orden natural, y de los comerciantes quienes eran
vitales para el bienestar general.
Por un lado, la temática
de la propiedad privada fue un tema relevante para la Escuela de Salamanca. Las
ordenes mendicantes habían considerado la propiedad privada y la acumulación de
bienes como “moralmente objetivas”. Los dominicos, con Tomas de Aquino a la
cabeza, lo consideraron como instituciones humanas moralmente neutras. En este
sentido, dedujeron que la propiedad privada tenia efectos beneficiosos para la
economía y, consecuentemente, para el bienestar general. Un hecho fundamental
para las teorías liberales del siglo XVIII, o la economía clásica. Los
propietarios no solo tenían derecho al bien, en sí, sino que también al
beneficio que pudiera derivarse de aquel y, sobre todo, si este beneficio
aporta algo positivo a la comunidad. Se demostró que además era positivo que
los bienes los cuidase un dueño, pues la propiedad se desarrollaría mejor que
si fuese comunal.
Pero la Escuela de
Salamanca fue aún más lejos y desarrolló las teorías del dinero, el valor o el
precio, antecedente directo, nuevamente, para las teorías del liberalismo. Los
“salmantinos” establecieron, mediante el análisis de los metales llegados desde
América, que los metales preciosos eran fundamentales para una nación. Según
esto, en aquellos lugares en los que los metales eran escasos, los precios de
los bienes debían ser inferiores a los países en los cuales ocurría lo inverso,
es decir, los países que tenían abundancia de metales, los precios de los
bienes eran más elevados. En este sentido, Azpilicueta estableció que el metal
precioso, como una mercancía más, tenía menor valor adquisitivo cuanto más
abundante fuese. Así, cuanto mas escasea algo, más costoso será su valor,
teoría del valor-escasez, que precede así mismo a la teoría cuantitativa del
dinero.
Por otro lado, Luis de
Alcalá, Diego de Covarrubias y Luis de Molina desarrollaron una teoría del
valor y del precio que consiste en que, puesto
que la utilidad de un bien varía de persona a persona, su precio justo será el
que se alcance de mutuo acuerdo en un comercio libre (sin monopolio, engaños o
la intervención del gobierno)[2].
Así se establece el precio justo de las mercancías de acuerdo a un precio
competitivo. Francisco de Vitoria señala, en este sentido y quedando muy
resumida la posición, la necesaria distinción entre las cosas que son
necesarias para la vida y las que no lo son hablando de las cosas que se pueden
vender: Hay unas que son necesarias para
la buena marcha de las cosas y para la vida, y por ellas no se puede exigir más
de lo que valen (…). Es decir, hace hincapié en aquellas cosas que son de obligada necesidad o en las que la
necesidad obliga a tener, lo que hoy en día sería considerado de “primera
necesidad”. Es decir, el precio de las
cosas lo determinaría la necesidad de las personas y su precio justo vendrá
determinado según acuerdo de la competencia entre vendedores y compradores. Además, ponen la base “social” estableciendo
que el precio de las cosas “necesarias” debería, según los “salmantinos”,
establecerse de manera legal.
También, entre otras
tantas cosas, desarrollaron una visión sobre el interés o la usura. La Escuela
de Salamanca, supone el antecedente del capitalismo, en este sentido, debido a
su visión “positiva” sobre el interés. Hallaron razones para justificar el cobro
de un interés. Así, vieron que las personas que percibían un interés, préstamo,
obtenían, a su vez, un beneficio a costa del dinero obtenido, préstamo. Pero
también observaron que el interés podía ser considerado como una “prima” por
haber riesgo a perder el dinero prestado. Es decir, surge el “coste de
oportunidad” ya que el “prestamista” o “prestatario” perdía la posibilidad de
utilizar ese dinero que presta en otra cosa. Con ello, el dinero se consideraba
una mercancía mediante la cual se puede percibir un beneficio, el interés. El
interés, así, suponía el pago del tiempo que el prestamista estaba sin el
dinero que había prestado, pues, según los “salmantinos”, era mejor recibir una
prestación en el presente que más tarde, en el futuro, y por tanto ese tiempo,
esa rapidez, era el interés.
Por lo tanto, la Escuela
de Salamanca supone el antecedente directo del Liberalismo Económico que
comenzó a ser visible con las teorías smithianas
a finales del siglo XVIII. Sin embargo, como bien estableció Schumpeter, la
Escuela de Salamanca, según sus aportaciones e innovaciones que rompían con el
pasado medieval, tanto jurídico como económico, debe ser considerada como la
“madre de la ciencia económica”.
[1] IBAÑEZ,
ALBERTO G., La leyenda negra, historia
del odio a España, Almuzara, 2018, p.174
[2] Como se
observa en Jesús L. Paradinas, El
pensamiento económico de la Escuela de Salamanca, y también ver: José
Manuel Naredo, Taxonomía del lucro,
Cap. VI. El precio justo y la libre
competencia, Siglo XXI editores.


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