España, la Independencia de EE. UU. y el precio de una ayuda no correspondida ¿Un error estratégico?
España, la Independencia de EE. UU. y el precio de una ayuda no correspondida ¿Un error estratégico?
¿Por qué España no debió intervenir más allá de la
defensa de sus territorios y de los pueblos indígenas?
En este
sentido, se plantea la hipótesis de que dicha intervención, lejos de beneficiar
a España, allanó el camino para la expansión estadounidense, la pérdida de
nuestros territorios en Norteamérica y la tragedia que posteriormente sufrieron
los pueblos indígenas, cuya supervivencia había sido históricamente más estable
bajo la administración española.
Se
contrastan posturas historiográficas, se repasan los antecedentes, el
conflicto, sus consecuencias y se llega a la conclusión de que España habría podido
ganar permaneciendo neutral, limitándose únicamente a la defensa de sus
fronteras y aliados nativos.
Introducción
Un “orgullo” equivocado
Mucho se ha hablado de la contribución hispana o
española a la Independencia americana de las Trece Colonias, una ayuda
materializada en la figura del héroe Bernardo
de Gálvez. Esto es celebrado a menudo como un gesto decisivo contra la
hegemonía británica en Norteamérica. Sin embargo, este relato puede ocultar un
error estratégico ya que España contribuyó a crear un “aliado” que nunca le correspondió pues alimentó el relato de la Leyenda
Negra para, posteriormente, arrebatarle los territorios americanos y abandonar –y perseguir- a los pueblos
indígenas.
Es decir, en
la hipótesis se expone que España no debió intervenir en la independencia
estadounidense más allá de proteger sus dominios y a las naciones indígenas
aliadas.
dicha intervención, lejos de beneficiar a España, allanó el camino para la expansión estadounidense, la pérdida de nuestros territorios en Norteamérica y la tragedia que posteriormente sufrieron los pueblos indígenas
Antecedentes
Un mundo imperial en tensión
El imperialismo británico y la presión sobre sus
colonias
Para
situarnos en el contexto americano, habría que desplazarse en el tiempo a los Pactos de Familia y la Guerra de los Siete
Años, ambos hechos coetáneos.
En primer
lugar, los Pactos de Familia fueron una serie de alianzas entre las monarquías de España y Francia, renovadas varias
veces (1733, 1743, 1761) para contrarrestar el poder de Inglaterra. Con estos
pactos se buscaba reforzar los lazos dinásticos (casa de Borbón) para intentar
recuperar territorios perdidos. Como consecuencia, España se vio obligada a
participar en guerras europeas y americanas, como la Guerra de los Siete Años
(1756-1763), entre otras. A cambio de estos apoyos, España obtendría
territorios –Nápoles, Sicilia o Parma- aunque, a veces, asumiendo costes como
las pérdidas de Florida y la Colonia de Sacramento –compensada después con la
Luisiana-.
Concretamente
el ultimo pacto es el que nos interesa debido al contexto y su relevancia para
con las Trece Colonias, pues se
firmó en 1761, en plena guerra de los Siete Años.
La guerra de
los Siete Años, a grandes rasgos, fue una serie de conflictos internacionales
entre 1756 y 1763 para obtener el control sobre Silesia y la supremacía
colonial en América del Norte y la India por parte de Gran Bretaña.
En América
del Norte, Francia se encontraba en retroceso tras haber cedido en 1748 la
fortaleza de Luisburgo. La rivalidad
colonial entre Francia y Gran Bretaña se debía al control y disputa por las
tierras situadas al oeste de los montes Apalaches. Francia quería frenar la
expansión británica hacia el oeste. España, gracias a los pactos ya
mencionados, se ve obligada a intervenir del lado francés en 1761.
Con respecto
a España, Gran Bretaña había aumentado los agravios de modo considerable, como
se muestra con el apresamiento arbitrario de buques españoles, establecimiento
en Honduras o el aumento del contrabando, entre otras cosas. En este sentido, el
gobierno de Carlos III no tuvo otra
salida que buscar el acuerdo con Francia ante la necesidad de defenderse de la
agresividad británica.
Tras la
Guerra de los Siete Años (1756–1763), Gran
Bretaña emergió como potencia dominante. Para pagar la enorme deuda del
conflicto, desde Londres –la metrópolis- se aplicaron impuestos a las Trece
Colonias (Stamp Act, Townshend Acts,
por ejemplo), alimentando una tensión que desembocó en la ruptura. Una ruptura
que se materializó en la Guerra de la Independencia
(1775-1783), un conflicto
armado que formó parte de la Revolución de las Trece Colonias, en la que las
fuerzas independentistas estadounidenses derrotaron al Ejército británico del
Reino Unido.
Las alianzas
borbónicas entre España y Francia, los llamados Pactos de Familia, obligaban a
que ambos reinos actuaran conjuntamente contra Inglaterra, como se ha visto. Es
por ello que cuando Francia apoya a los revolucionarios americanos, España
queda, en la práctica, empujada hacia el conflicto.
España y sus territorios en la Norteamérica del siglo
XVIII
España, en el siglo XVIII, todavía controlaba: Florida
(Occidental y Oriental), Luisiana, Texas, Nuevo México, Las Californias y gran
parte del Suroeste de América del Norte (Arizona, Nevada, Utah, Colorado…), así
como zonas de otros estados como Oregón, Washington, Idaho, Montana, Wyoming,
Kansas y Misisipi. Esto era parte del Virreinato de Nueva España. Es decir,
cuando estalla el conflicto entre las Trece Colonias y Gran Bretaña, España
conservaba el Virreinato de Nueva España, dominio suyo que colindaba con el
territorio en conflicto.
Eran
territorios eran administrados por la corona y defendidos por presidios
-alianzas con grupos indígenas- así como una política de frontera donde la
convivencia era tensa pero regulada.
Se trata de
una presencia en Norteamérica estratégica, no
marginal, que desde hacía siglos era una realidad. O séase, por todos
conocida.
¿Por qué entra España en la
guerra?
Motivos oficiales:
- Recuperar Gibraltar y Menorca.
- Debilitar a Gran Bretaña.
Enemigo de España.
- Blindar y proteger sus
territorios norteamericanos.
Según nuestra hipótesis:
España luchó
por sus propios intereses territoriales, no por los estadounidenses, pues no reconoció su independencia
hasta el final de la guerra. España ve amenazados, con el estallido del
conflicto y por la cercanía al mismo, sus territorios, por lo que, además de
estar aliada con Francia, también debe ser preventiva y hacer una guerra
defensiva.
En realidad,
España no “envió ayuda” desde la metrópoli -en el sentido romántico
moderno-, sino que más bien lo que hizo fue movilizar las fuerzas ya
presentes en sus territorios americanos. Un ejemplo de ello, el mas sonado
quizá, es la participación de Bernardo de Gálvez –militar y político español,
virrey de Nueva España- en la batalla de Pensacola (1781) la cual marcó la
culminación del esfuerzo de España por reconquistar las Floridas del dominio
británico.
El conflicto
España lucha en América… para beneficio de otros
Campañas decisivas
Bernardo de
Gálvez toma Baton
Rouge (1779), Mobile (1780) y Pensacola (1781).
La Armada
española protege
convoyes y bloquea suministros británicos.
Asedio de
Gibraltar
(1779–1783), que fracasa.
Estas campañas
perjudican a Inglaterra, pero, a pesar de ello, no fortalecen a España.
España, en este sentido, no saca redito o beneficio, no sabe aprovechar la
situación.
Los Estados Unidos no son aliados
Aunque España combatiese del lado de las Trece
Colonias, jamás se coordinó con Washington ya que EE. UU. deseaba tener acceso
al Misisipi, expansionarse hacia el oeste –donde estaban las tierras españolas-
y, consecuentemente –y de manera directa o indirecta- el debilitamiento de
España.
España,
lógicamente, deseaba lo contrario. Aunque no en este momento, en el siglo XIX
se verá ya este distanciamiento fruto del choque de intereses cuando a EE.UU.
no le quede más remedido que declarar la guerra a España para quitarle las
ultimas posesiones ultramarinas que le quedaban.
Por lo que,
como se ha ido viendo, desde el principio ambas potencias eran incompatibles.
EE.UU. demostró no ser aliado de España, ya que nada más terminar la guerra su
fijación fueron las tierras españolas, el llamado en la ficción “lejano oeste”.
¿Por qué España no debió
intervenir?
Porque fortaleció a un futuro enemigo directo
Tras la guerra, EE. UU.
-
reclama
navegación y derechos sobre el Misisipi,
-
firma
tratados contra los intereses españoles (Treaty
of San Lorenzo, 1795[1])
-
inicia una
política expansionista que terminará arrebatando a España: Florida, Luisiana
(comprada a Francia, pero basándose en el territorio español previo), Texas, Nuevo
México, California, Arizona, Nevada y Colorado.
España
contribuyó al nacimiento de la potencia que después absorbería la mitad de
su imperio americano.
Entra en
juego, pues, el concepto de Destino
Manifiesto. Es decir, la creencia de que EE.UU. estaba destinado a expandirse
por América del Norte en búsqueda de tierras y recursos, hasta lograr su actual
forma continental mediante la colonización, compras (como Luisiana), tratados (el
ejemplo de Oregón) y guerras (posteriormente con México) que le darán acceso al
Océano Pacífico y vastos territorios, a menudo a costa del desplazamiento forzado
de los pueblos indígenas, como se verá a continuación.
Porque aceleró la tragedia indígena
Bajo dominio español, los pueblos indígenas del norte
vivían en:
-
alianzas
militares,
-
acuerdos de
paz,
-
misiones
(polémicas, pero integradoras) y
-
comercio
regulado.
Con la
expansión estadounidense se inicia un proceso muy distinto –distinto incluso de
las películas de indios contra vaqueros-:
Desposesión,
deportaciones (Trail of Tears[2]),
exterminio cultural y militar.
La política
española hacia los indígenas, pese a sus defectos, no fue genocida,
mientras que la estadounidense sí incluye episodios con ese carácter, como
señalan autores como Roxanne Dunbar-Ortiz. España, evitando la Leyenda Rosa,
realizó políticas de integración hacia los súbditos de su corana.
Porque alimentó la Leyenda Negra moderna
Paradójicamente,
EE.UU. acogió con entusiasmo la propaganda anti-hispana de matriz anglosajona.
En este sentido, la ayuda española no evitó –entre otras cosas-:
-
caricaturas
racistas de españoles,
-
la narrativa
de un EE. UU. “libertador” frente a un “despótico” imperio español y
-
el olvido
sistemático del papel de Gálvez y España en su independencia.
España ayudó
a su propio difamador, y futuro enemigo.
Porque no se recuperó lo que se buscaba
España
quería:
-
Gibraltar,
-
Menorca y,
sobre todo,
-
seguridad
fronteriza
mientras que
el resultado fue distinto:
-
Gibraltar
perdido,
-
Menorca en
el aire (ida y vuelta) y
-
fronteras
más expuestas que antes.
O séase, un
rendimiento desastroso.
Consecuencias
El precio del apoyo a las
Trece Colonias
La Doctrina Monroe (1823)
La doctrina es básicamente el ya conocido por todos “América
para los americanos.” Cuya traducción real es: Europa fuera; España, por
supuesto, también.
Los mismos
que recibieron apoyo directo de Gálvez declararon que España era una potencia
intrusa. Y no es casual pues por estas fechas se independizaban la mayoría de
los territorios españoles en el continente americano, siendo el culmen y ocaso
los años 1824 (Ayacucho) y 1829 (Tampico).
Se sabe
además que, mientras el continente americano ardua, EE.UU. intervino apoyando y
promoviendo la sublevación de distintos territorios en el norte de América,
como la Florida Occidental, Florida Oriental y Texas. Todo ello a través de
expediciones de voluntarios liderados por generales estadounidenses. Florida occidental
fue anexionada de inmediato (1810). Esto es tan solo un ejemplo. El resto de
posesiones como se ha mencionado, irán cayendo unas tras otras mediante la
venta, sublevaciones y motines…, ante un gobierno español corrupto e incapaz de
defender sus intereses –no por coraje y valor de sus soldados, sino por la traición
de los políticos-.
Se produce,
así, el inicio de la pérdida del imperio español en América del Norte que se
hará efectivo a lo largo del siglo XIX. Y es que EE.UU. se anexionará todos los
territorios españoles del norte.
Culminada su expansión y asentamiento en América del Norte, solo quedaba la puntilla. Y es que las posesiones
españolas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas –entre otras- también “molestaban” y
suponían un peligro estratégico para los intereses de EE.UU. La consecuencia ya
la sabemos, la declaración de guerra con la excusa –y casus belli- del Maine.
EE.UU. había
estado alimentando rebeliones e insurrecciones en América, apoyando las
independencias y financiando campañas, como se ha visto, sin embargo, en abril
de 1898 explota un barco americano –el acorazado Maine- que “casualmente”
estaba allí y se culpa a España –aunque el informe demostró lo contrario-. Acto
seguido EE.UU. declara la guerra a España.
El genocidio indígena del Oeste
España había mantenido un sistema de alianzas y misiones
que, aunque discutibles, no implicaban exterminio sistemático. Estas alianzas,
misiones, presidios… hacían estable la zona, al menos controlable y se podía
convivir.
EE. UU., libre tras su victoria frente a Gran Bretaña, ejecutó políticas de:
-
deportaciones
masivas,
-
confinamiento
en reservas,
-
asesinatos
(Sand Creek, Wounded Knee…) y
-
destrucción
cultural sistemática.
Todo ello
como meros ejemplos, de igual forma que ocurrió sobre todo en Filipinas y en
menor medida en Cuba y Puerto Rico. Y es que la persecución, el genocidio y la
destrucción cultural son parte del modus
operandi estadounidense como se viene repitiendo de un tiempo a esta parte.
En la TV, la
radio, y en la literatura en concreto, se nos ha presentado el “western” las
películas de “indios y vaqueros” o el “lejano oeste” como un género del séptimo
arte, de la literatura americana… algo que se asentó en el ideario colectivo
como unos vaqueros buenos y unos indios salvajes, justificando, o posicionándonos,
sin darnos cuenta aquella expansión a costa de los nativos e indígenas. Davy
Crockett y su Álamo, el Séptimo de Caballería… son ejemplos de aquellos héroes
americanos que nos han vendido sobre una época en la que supuestamente EE.UU.
se defendía de otras amenazas.
Para
entonces, en las reservas morían aquellos indios de plumas en la cabeza, o
debían huir para salvar a su familia y con ella a su identidad.
La
intervención española, al debilitar a la potencia británica en la región, facilitó
su expansión territorial posterior. Es decir, que España ayudó a EE.UU.
pero nadie ayudó a España una vez el yugo británico quedó fuera de América del
Norte. Al contrario, EE.UU. actuó como un oportunista y una vez vio el terreno
a su favor, con una España débil –sobre todo desde el gobierno-, actuó.
Conclusiones
Una victoria que fue una
derrota
España se equivocó de aliados ya que debido a los Pactos de Familia se
enfrentó a Inglaterra ayudando, así, a Francia e indirectamente a EE.UU. Todos
ellos usaron a España en su favor para beneficiarse de su ayuda, sin embargo,
en muy poco tiempo, tanto Francia, Gran Bretaña y EE.UU. financiaron y apoyaron
de un modo u otro los movimientos insurreccionales que tendrían como
consecuencia la independencia de Hispanoamérica de su “metrópoli” en diversos países.
El haber ayudado a EE.UU. en parte se debe a la defensa de las fronteras españolas,
pero, a la larga, será un gran error ya que EE.UU. se hará potencia hegemonice
en América de donde expulsará, en primer lugar, a los españoles arrebatándoles sus
territorios y, consecuentemente, anexionándoselos y, después, a los indígenas a
quienes expulsará, deportará y en el peor de los casos asesinará, eliminando su
cultura e identidad.
España ganó
batallas, pero perdió el futuro.
Fortaleció a
un aliado que no lo era, debilitó a otro enemigo histórico –Gran Bretaña-, permitió el ascenso de
una potencia expansionista y dejó desprotegidos a los pueblos indígenas con los
que había convivido durante siglos.
La hipótesis,
por tanto, cobra sentido histórico ya
que España no debía haber intervenido salvo para defender sus presidios y
sus aliados nativos.
Una política de neutralidad habría evitado, o retrasado enormemente, la pérdida
de sus territorios y el drama humano del Oeste estadounidense. Además, se
hubiera contrapuesto al poder estadounidense –aún en fase inicial- y
contrarrestado su expansión.
Al alardear
de nuestro apoyo a las Trece Colonias estamos contribuyendo, sin darnos cuenta,
al relato de la Leyenda Negra ya que la persecución de los indígenas es fruto
de aquella guerra de independencia y el expansionismo posterior. Aunque,
suponemos, eso no se sabía en aquel momento.
Bibliografía recomendada
Autores hispanistas
Thomas E.
Chávez — Spain and the Independence of the United States
Manuel
Lucena Salmoral — El régimen colonial español en América
Bernardo
Ares — La participación española en la Independencia de los Estados Unidos
Enrique
García Hernán — España y la Independencia Americana
Historia indígena y crítica a la expansión
estadounidense
Roxanne
Dunbar-Ortiz — An Indigenous Peoples’ History of the United States
Pekka
Hämäläinen — The Comanche Empire
Dee Brown — Bury
My Heart at Wounded Knee
Historiografía crítica estadounidense
Howard Zinn
— A People’s History of the United States
Noam Chomsky
— Year 501: The Conquest Continues
[1] El
tratado de San Lorenzo de 1795 (también conocido como tratado de amistad,
límites y navegación o tratado de Pinckney en los Estados Unidos) fue firmado
por España y los Estados Unidos para definir las fronteras entre los Estados
Unidos y los territorios españoles en Norteamérica y regular los derechos de
navegación en el río Misisipi.
[2] Sendero
de Lágrimas. hace referencia a la reubicación forzada de miles de pueblos
indígenas (Cherokee, Choctaw, Chickasaw, Creek y Seminole) de sus tierras
ancestrales en el sureste de Estados Unidos hacia el Territorio Indio (actual
Oklahoma)


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