El referéndum olvidado de Felipe II en Filipinas
El referéndum olvidado de Felipe II en Filipinas
En la historia de la conquista y descubrimiento, rara vez se asocia el imperio con la idea de consentimiento. Pero hay un episodio, del que se olvida la historia, en el que el Imperio español bajo Felipe II consultó a los pueblos indígenas de Filipinas sobre su voluntad de incorporarse a la Corona. Un gesto que, aunque lejos de ser un referéndum, tiene ecos de legitimidad popular.
Tras la llegada de Miguel López de Legazpi a Filipinas en
1565, y el establecimiento de Manila como capital en 1571, Felipe II estableció
una política peculiar: instruyó a sus funcionarios y misioneros a obtener el
consentimiento de los pueblos nativos. En la Real Cédula de 1574, el rey ordena
que “no se hagan conquistas sin
justificación ni se tome la tierra por la fuerza, sino con el consentimiento y
buena voluntad de los naturales”.
El misionero jesuita Pedro Chirino escribió en su Relación de las Islas Filipinas (1604):
“Preguntados los
principales si querían recibir el gobierno de Su Majestad, respondieron todos
afirmativamente, deseosos de estar bajo su amparo.”
Estos encuentros entre españoles e indígenas eran, en muchos
casos, ritualizados y acompañados por intercambios de obsequios, bautismos y
tratados orales. Aunque no eran votaciones formales, sí implicaban un
reconocimiento del consentimiento indígena como base del dominio español.
Como afirma el historiador John Leddy Phelan en The Hispanization of the Philippines
(1959), Felipe II dejó instrucciones claras de que la conversión y sujeción de
los pueblos filipinos debía hacerse “con
suavidad, sin violencia, y con persuasión cristiana”.
Este “referéndum” informal, pero significativo, es un caso
temprano de lo que podríamos llamar “consentimiento imperial”. En lugar de
someter por la fuerza, se promovía una integración pactada —al menos en
apariencia— que distinguía al modelo español de otros imperios europeos, como
el inglés, belga, holandés y alemán, por mencionar unos ejemplos.
Lejos de ser una anécdota menor, este hecho nos obliga a
revisar los matices de la historia colonial. Felipe II, con todos sus
claroscuros, mostró que incluso en el contexto de la expansión imperial, se
podía apelar al diálogo y a cierta forma de participación de los gobernados.
Felipe II supone un antecedente moderno, un pionero, en
cuanto a las reformas políticas que se materializarán en torno al siglo XX, es
decir, 400 años antes Felipe II ya introdujo, aunque tímidamente, el referéndum
–la consulta política y democrática- que tan de moda esta hoy día en nuestra
sociedad, manteniendo sus dominios en igualdad en tanto que los sometidos
opinaban sobre los conquistadores. Algo único en la historia, hasta ese
momento.

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