El legado resistente de Roma. ¿Por qué ocho siglos de islam no borraron la herencia romana en España?
El legado resistente de Roma.
¿Por qué ocho siglos de islam no borraron la herencia romana
en España?
Esa continuidad se puede observar en el proceso de
Romanización, el proceso de Islamización, la lengua, la ideología durante la
Reconquista y el papel de la Iglesia, por mencionar unos ejemplos. Todo ello
será la clave del análisis sobre la pregunta que nos planteamos.
La romanización. Más que una conquista, una civilización compartida
La romanización de Hispania, iniciada tras la Segunda Guerra Púnica
(218 a.C.), fue un fenómeno profundo, progresivo e integrador. No solo supuso
la conquista militar de la Península, sino su incorporación como parte
constitutiva del mundo romano. Hispania no fue una provincia periférica, sino
una cantera de ciudadanos, senadores, filósofos e incluso emperadores. Trajano,
Adriano y Teodosio el Grande, así como Seneca, por ejemplo, nacieron en suelo
hispano.
Sin embargo, el Proceso de romanización abarcó todo aquello como:
1. La urbanización del territorio con ciudades planificadas,
foros, acueductos, calzadas...
2. La difusión del latín como lengua común.
3. La implantación del derecho romano y sus estructuras de
propiedad, ciudadanía y administración.
4. La cristianización, especialmente desde el siglo IV, con
Hispania ya plenamente integrada en el Imperio como provincia romana cristiana[1].
Es decir, se podría establecer, según lo anterior, que la romanización
en Hispania no fue impuesta, sino que más bien fue asumida como modelo
civilizatorio, o séase que Hispania no sería
una provincia más, sino que la misma Roma en suelo ibérico (Pierre Grimal),
como se podrá ver más adelante con el Imperio Español-Monarquía Hispánica.
La islamización. Limitada
La invasión musulmana en el 711
supuso un cambio radical en el poder político, aunque no fue capaz de borrar la
estructura cultural heredada del mundo romano y visigodo. El islam en la
Península, aunque desarrolló una civilización espléndida —sobre todo en
Córdoba, Sevilla, Zaragoza y Granada—, encontró límites en su expansión y
profundidad cultural. En este sentido, cabe decir, que los musulmanes nunca
llegaron a controlar la totalidad de la Península, ni en su mayor expansión territorial.
Esta limitación, por tanto, se explica por:
1. Los reinos
cristianos del norte (Asturias, León, Navarra, Aragón…) nunca fueron plenamente
islamizados.
2. Hay gran Resistencia
cultural: los mozárabes (cristianos bajo dominio musulmán) mantuvieron
liturgias, lengua y costumbres heredadas del rito cristiano-romano y, después visigodo,
en época tardo-antigua.
3. Se produce una continuidad administrativa-económica, por
ejemplo. Los emires y califas omeyas conservaron estructuras fiscales y
organizativas del período visigodo e incluso romano, es decir, de igual manera
que ocurría en la España Cristiana.
4. Aunque el árabe fue la lengua oficial, el latín vulgar (evolucionado
hacia el romance) siguió hablándose entre amplios sectores de la población.
*La islamización fue, en muchos aspectos, una superposición
cultural que no llegó a sustituir por completo las bases previas, especialmente
en las capas populares y rurales. En este sentido, muchas familias nobles y
pudientes se islamizaron para mantener sus beneficios como muestra el ejemplo
de los Casio (visigodos) que se convierten al islam (Banu Qasi) para poder
seguir controlando el territorio de la actual Zaragoza. Es un trámite que se
realiza meramente por interés político y económico, pues sus orígenes estaban
bien clarificados con anterioridad siendo hispano-godos cristianos.
La Iglesia como heredera institucional del Imperio
La Iglesia católica desempeñó un
papel clave en la preservación del legado romano. Tras la caída de Roma, fue la
Iglesia la que mantuvo: El uso del latín como lengua de cultura, liturgia y
administración; el derecho canónico, derivado del derecho romano y una
estructura jerárquica y territorial inspirada en las divisiones del imperio.
Durante la etapa de al-Ándalus, el cristianismo siguió
presente a través de las comunidades mozárabes, y en los reinos cristianos del
norte, la Iglesia se consolidó como la columna
vertebral de la continuidad cultural con Roma. Los monasterios se
convirtieron en centros de copia de manuscritos, de transmisión del derecho y
de memoria histórica.
La iglesia en época medieval, además, desarrolla una
estructura de monjes-guerreros, siendo las ordenes fundamentales para la
Reconquista y el ideario colectivo. La iglesia mantiene la liturgia y el derecho,
pero apoya y justifica la “cruzada” alegando la defensa de la religión. Es decir,
aparece una iglesia implicada en lo político-militar, combativa si se quiere.
El latín nunca desapareció
A diferencia de otras regiones
conquistadas por el islam, donde la lengua árabe sustituyó completamente a las
lenguas locales, en España el latín vulgar evolucionó orgánicamente hacia las
lenguas romances como por ejemplo el castellano, el gallego, el catalán…
Aunque el árabe fue la lengua culta y administrativa en
al-Ándalus, no consiguió erradicar el latín entre la mayoría de los conversos o
la población cristiana. De hecho, ambos coexistieron y convivieron, influyéndose
mutuamente o, en muchos casos, dando lugar a lenguas-dialectos híbridos como el aljamía, por ejemplo.
La permanencia de la lengua fue, en este sentido, en sí
misma, un vehículo de continuidad cultural romana.
Es decir, el latín lejos de desaparecer evoluciona y da
lugar a otras lenguas, pero el árabe, por el contrario, no supo imponerse más allá
de la poesía, la ciencia y la administración en al-Ándalus.
La Reconquista: la restauración de Roma y de los visigodos
Desde los primeros reinos
cristianos en el norte (Asturias y Navarra), se articuló un discurso de legitimación basado en la
herencia de Roma a través del Reino visigodo (comúnmente conocido por
Reconquista). Alfonso VI, al tomar Toledo en 1085, no se presenta como un conquistador,
sino como un restaurador del orden
legítimo -en continuidad con Roma y el cristianismo visigodo-.
Los fueros municipales, el derecho romano-visigótico (el Liber Iudiciorum, por ejemplo), la
reconstrucción de ciudades, la repoblación, y la recuperación de sedes episcopales
expresan un proyecto de recuperación más que de fundación.
Este imaginario se consolidará en los siglos siguientes,
convirtiendo al islam en un paréntesis (en el discurso cristiano), y a Roma en
la raíz. Todo ello lleva a responder a la pregunta que nos hacíamos al
principio y es que la respuesta a pesar de ser obvia es también objetiva. Hay un
deseo y voluntad de reconquistar y restablecer todo lo anterior, a pesar de que
el islam estuviera presente unos ocho siglos.
Conclusión
La pervivencia del legado romano
en España, pese a los siglos de dominio musulmán, responde a múltiples factores
como la profundidad de la romanización, la parcialidad de la islamización, el
papel de la Iglesia, la continuidad del latín y la ideología restauradora de la
Reconquista.
Más que una lucha entre civilizaciones, la historia de
España es la superposición de capas culturales en las que Roma fue, y sigue
siendo, la base estructural de la identidad peninsular.
Por ello, la identidad nacional y cultural, histórica… de España
es la lucha por preservar aquello que perdió, el islam en ningún momento se
impuso, como se ha visto, mientras que el rito romano-visigodo, el latín como
lengua o la iglesia como adalid de todo ello en un momento dado, hacen que en España
perviva y se imponga lo romano como identidad socio-cultural, muy arraigada
desde el primer momento de la Reconquista en todos los rincones de la península.
Bibliografía
Collins, R., Early
Medieval Spain, Palgrave Macmillan
Fletcher, R., La
España Mora, Crítica, 2001
García Fitz, F., La
Reconquista: una construcción historiográfica, Universidad de Sevilla, 2002
Glick, Thomas F., Islamic
and Christian Spain in the Early Middle Ages, Princeton University Press
Grimal, P., El mundo romano, Alianza
Menéndez Pidal, R., La
España del Cid, Espasa-Calpe
[1] Aunque hay otras fuentes que aseguran que desde el siglo III d.C. ya se puede observar la cristianización en Hispania.

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