El Entierro de la Sardina: de un cargamento podrido al símbolo del fin de la fiesta

 El Entierro de la Sardina: de un cargamento podrido al símbolo del fin de la fiesta

 

Cada Miércoles de Ceniza, mientras la solemnidad de la Cuaresma se abre paso en el calendario litúrgico, en varias ciudades de España una procesión burlesca y carnavalesca recorre las calles en lo que se conoce como el Entierro de la Sardina. Hombres disfrazados, sardinas de cartón piedra llevadas a hombros y hogueras rituales dan cuerpo a una de las tradiciones más satíricas y surrealistas del imaginario español.

La tradición del entierro de la sardina en España tiene sus raíces en la celebración del miércoles de ceniza. Esta festividad se celebra principalmente en algunas regiones de España, como en Madrid y Andalucía, y se asocia al final de las fiestas de Carnaval.

La costumbre se basa en una despedida de los excesos y la entrada en un tiempo de penitencia y reflexión. Se dice que el entierro de la sardina representa el final de la alegría y el desenfreno del Carnaval, especialmente aquellos relacionados con la comida y la bebida. La sardina, como alimento sencillo y humilde, simboliza lo efímero de los placeres mundanos, y su "entierro" marca el comienzo de un periodo de abstinencia.

En algunas localidades, las celebraciones incluyen desfiles, en los cuales se quema o entierra una figura de una sardina, mientras los participantes cantan y bailan, lo que añade un tono de humor y festividad a un acto que, en su origen, tenía un tono más solemne.

Pero ¿de dónde surge esta costumbre tan aparentemente absurda como cargada de simbolismo?

Según una versión popular, su origen está en un cargamento de pescado en mal estado durante el reinado de Carlos III. Una historia anecdótica, pero también con vínculos con la Semana Santa.

 en varias ciudades de España una procesión burlesca y carnavalesca recorre las calles en lo que se conoce como el Entierro de la Sardina

El cargamento maldito: la versión madrileña del siglo XVIII

Una de las leyendas que más se ha grabado es la que afirma que reinando Carlos III, este, preocupado por la higiene y modernización de Madrid, ordenó repartir pescado entre la población para celebrar el inicio de la Cuaresma (sardinas saladas), pero el cargamento llegó en mal estado –quizá por el calor, problemas logísticos o salazón insuficiente-. El hedor y la putrefacción eran tales que se ordenó retirar aquel cargamento de pescado y enterrarlo a las afueras de Madrid para evitar problemas de higiene y sobre todo de salud pública[1].



Esto se debe en gran parte a una medida del propio rey Carlos III. Bajo su reinado hubo un decreto real que prohibía la venta de carne durante la Cuaresma en España, pero se permitía la venta de pescado como alternativa. Esta medida tenía una motivación religiosa, pues se consideraba que durante la Cuaresma debía evitarse el consumo de carne roja como una forma de penitencia. En su lugar, el pescado se convirtió en una alternativa popular, especialmente la sardina, un pescado barato y accesible. Es por ello que se ordena, a modo de regalo u obsequio, el envío de estos peces que, finalmente llegó en mal estado.

A pesar de la situación, esta imagen se quedó grabada en la mente de los madrileños quienes hicieron de la situación una festividad –como ocurre en toda España, para variar-. Convirtieron ese entierro en una ceremonia festiva, sarcástica y simbólica[2]. Así surgió, según la leyenda o anécdota, el entierro de la sardina. En lugar de lamentar el fin de los excesos del carnaval, los madrileños lo celebraron con una falsa procesión funeraria en la que el muerto era una sardina –símbolo de la abstinencia que venía con la Cuaresma-.

reinando Carlos III, este, preocupado por la higiene y modernización de Madrid, ordenó repartir pescado entre la población para celebrar el inicio de la Cuaresma (sardinas saladas), pero el cargamento llegó en mal estado

Aunque el mito fundacional de Carlos III vincula esta tradición con Madrid, el Entierro de la Sardina se celebra en muchos puntos de España, desde Murcia (donde es Fiesta de Interés Turístico Internacional) hasta Galicia, pasando por Canarias o Castilla-La Mancha. En todos los casos, la estructura es similar: una parodia de cortejo fúnebre, disfraces, fuegos, y la quema de una figura que simboliza la sardina.

 

El símbolo de la Sardina. Entre el ayuno y la purificación

Pero, aparte de la anécdota histórica o de la leyenda, el Entierro tiene un gran contenido simbólico que lo conecta con el carnaval y la Semana Santa, hace de transición entre ambas festividades. Es decir, se muestra una relación entre el exceso y el recogimiento, de la carne al espíritu, por ejemplo.

La sardina, así, representa el ayuno, el alimento pobre, la penitencia… alegóricamente el “vivir como Jesús”. Enterrarla equivale, pues, a despedir los placeres y ritos dionisíacos del Carnaval. El fuego al consumir la sardina de cartón o madera al final del desfile es como si la purificase, como un ritual pagano, por ejemplo –el cristianismo absorbe muchas tradiciones paganas y las entremezcla adaptándolas para si-. Esto anticipa la preocupación por el espíritu, su purificación, el sentir del alma, el pensar y recapacitar….

En este sentido, cabría mencionar que, además, el entierro se da el Miércoles de Ceniza, es decir, el primer día de la Cuaresma Cristiana, dando comienzo a ese periodo de recogimiento que termina en la Semana Santa. La sardina, de este modo, representa el último gesto de “pecado” antes de la penitencia. Es como el que empieza una dieta a partir de tal día, pues el ultimo día vendría a ser ese miércoles de ceniza, cuando se quema y entierra la sardina.


En este sentido, autores como Bajtín han visto en el entierro una inversión de los órdenes sociales, de los roles. En este caso el entierro de la sardina es una burla a la muerte. La risa es la protagonista del entierro. Durante el carnaval los roles se invierten, se burla el poder, se ríen de la muerte. La sardina, en esa absurda solemnidad, ridiculiza el ritual del entierro, la risa como catarsis que da paso del carnaval a la cuaresma.

el Entierro tiene un gran contenido simbólico que lo conecta con el carnaval y la Semana Santa

Seria, entonces, un ritual burlesco. Esta forma de catarsis colectiva permite a la sociedad transitar de un estado festivo a uno sagrado. De ahí que el entierro sea a la vez grotesco, teatral y ritualizado, un ejemplo de cómo la cultura popular canaliza tensiones históricas y sociales a través del humor. Es un modo de afrontar la muerte, de olvidarse de lo mundano. A la vez, deriva en una tradición en la que lo pagano y cristiano se entremezclan uniendo al conjunto de la sociedad, con la risa y la burla que dan paso a la seriedad y recogimiento, al respeto por la muerte.

 

Conclusión
La sardina como espejo de la cultura española

Pocas tradiciones reflejan tan bien el carácter irreverente, simbólico y profundamente ritualizado de la cultura española como el Entierro de la Sardina. Sea por un cargamento de pescado podrido o por la necesidad ancestral de marcar el paso del caos al orden, del placer al sacrificio, la sardina ha sido enterrada y resucitada miles de veces como recordatorio de que la historia también se escribe con ironía, fuego y máscara.

Un pescado barato que comenzó a comercializarse y consumirse para no comer carne durante el periodo de Cuaresma, muy popular entre el pueblo.

El vínculo entre la sardina y esta festividad se consolidó con la idea de que, al finalizar las fiestas de Carnaval, se enterraba el pescado (la sardina) como un simbolismo del fin de la indulgencia y el comienzo del periodo de abstinencia y reflexión de la Cuaresma. La sardina, al ser un símbolo de la alimentación durante la Cuaresma, se utilizaba como la figura central de la celebración.

Este entierro ha quedado vinculado a la festividad, en forma de tradición. Representa el final del carnaval con el inicio de la Cuaresma, es decir, relaciona a los dos conjuntamente vaticinando en ese punto de inflexión que es el Miércoles de Ceniza el fin de lo material, de las perversiones y pecados, de los excesos para dar paso al periodo reflexivo donde se hace hincapié en el espíritu, en el recogimiento, en el alma…

 

Referencias 

Caro Baroja, J., El carnaval: Análisis histórico-cultural, Alianza Editorial, 2006

Bajtín, M., La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento, Alianza, 2003

Domínguez Ortiz, A., Carlos III y la España de la Ilustración, Alianza Editorial, 1998

 

Museo de San Isidro: Los orígenes de Madrid (exposición sobre el Carnaval madrileño).



[1] Ante la conmoción causada, el rey publicó un decreto ordenando el entierro del pescado a orillas del río Manzanares.

[2] Representado por el pintor Francisco de Goya, primer miembro honorario de la Alegre Hermandad del Entierro de la Sardina (responsable durante años de organizar este evento).

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