Reseña: Comunistas, judíos y demás ralea
Comunistas, judíos y demás ralea es un compendio de textos de marcado carácter antiliberal, antirrepublicano y antisemita, atribuido a Pio Baroja y que fue escrito en una época de polarización y conflictos extremos marcada por la guerra civil (asentamiento del fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania y el comunismo soviético en la URSS).
Para que
podamos abordar Comunistas, judíos y demás ralea (1937) de Pío Baroja
con rigor, lo tenemos que situar en una intersección compleja, una relación
entre su biografía personal, la crisis histórica de la II República y la Guerra
Civil y, por último, una trayectoria intelectual marcada por el escepticismo,
la contradicción y el rechazo radical de los sistemas cerrados.
Aunque,
según los expertos, no es una obra que represente su mejor literatura, si no
que se trata de un texto circunstancial que está condicionado por el contexto.
Comunistas, judíos y demás ralea es un compendio de textos de marcado carácter antiliberal, antirrepublicano y antisemita, atribuido a Pio Baroja y que fue escrito en una época de polarización y conflictos extremos marcada por la guerra civil
Biografía, carácter e ideología de Pio Baroja
Pío Baroja (San Sebastián, 1872 – Madrid, 1956) fue
una de las figuras centrales de la Generación del 98, junto a autores como
Unamuno o Azorín. Su obra narrativa —El árbol de la ciencia o Zalacaín
el aventurero— se caracteriza por el predominio de un pesimismo
existencial influido por Schopenhauer, un individualismo radical o
la desconfianza hacia las estructuras sociales, políticas y religiosas. Por
ello, es difícil definir su ideología. Aun así, presenta unas líneas diferenciales:
Anticlericalismo (Ve a la Iglesia como una
institución atrasada y opresiva).
Simpatía en
su juventud por el anarquismo, sobre todo en su vertiente individualista (Bakunin o
Kropotkin).
Rechazo de
la democracia liberal, la cual ve
como corrupta e ineficaz.
Cierta
atracción por soluciones autoritarias, como una “dictadura regeneradora”, por ejemplo
(teorías de Joaquín Costa)
Cercanía
cultural al mundo tradicional vasco
y, también, simpatías hacia el carlismo (tradicionalismo, conservadurismo, arraigo).
En resumen,
se observa que Baroja no es un ideólogo sistemático, sino un escéptico
radical, con impulsos contradictorios que oscilan entre el ser antisistema y,
también, el ser elitista. Es decir, crítico con el poder, pero desconfiado de
las masas. Es un personaje que va variando su discurso acorde al contexto,
oscilando entre extremos, negaciones, desconfianzas… pasando de ser anarquista
a carlista, por ejemplo. Ese Baroja se observará también en su propia obra.
Contexto histórico: II República y Guerra Civil
El libro se escribe entre 1936 y 1937, en plena Guerra Civil Española, tras el colapso
de la Segunda República Española.
Este
contexto es clave para entender la obra:
Violencia generalizada en la
retaguardia (represión,
asesinatos, persecución religiosa en zona republicana…).
Polarización
extrema: fascismo vs. comunismo, revolución
vs. Contrarrevolución, rojos vs. fachas, republicanismo vs. monarquismo,
derecha vs. izquierda…
Crisis del
liberalismo, que muchos intelectuales (como Baroja) perciben como fracasado.
Es decir, el
contexto político-social es crucial y Baroja vive estos años con miedo y
desorientación. Aunque no fue un franquista militante, si se alineó emocionalmente con el bando
sublevado en gran medida por rechazo al desorden revolucionario y al
anticlericalismo violento. Recordemos que, aunque provenía inicialmente del
anarquismo, en grandes términos, acabó convirtiéndose en un católico carlista.
El libro: naturaleza, intención y tono
Comunistas,
judíos y demás ralea no es una
novela, sino un conjunto de artículos y textos breves de carácter propagandístico-panfletario,
es decir, es un libro ideologizado
donde el autor expone su postura y pensamiento sobre ciertos temas.
¿Qué pretende?
El autor
pretende denunciar lo que percibe como una amenaza a la civilización:
comunismo, internacionalismo, modernidad política, lucha de clases,
anticlericalismo…
Expresar su
rechazo a las ideologías de masas. Era un personaje que desconfiaba de las
masas.
Reaccionar
emocionalmente al caos de la guerra.
¿Por qué ese título?
El título es
deliberadamente provocador. El uso de “ralea” implica una deshumanización
explícita, que revela el tono del libro: agresivo, generalizador y
polémico. Precisamente lo que buscaba el autor, algo que impactara –influido por
el contexto de guerra en España y Europa-.
el contexto político-social es crucial y Baroja vive estos años con miedo y desorientación. Aunque no fue un franquista militante, si se alineó emocionalmente con el bando sublevado en gran medida por rechazo al desorden revolucionario y al anticlericalismo violento
Influencia del prólogo: Ernesto Giménez Caballero
El prólogo
lo firma Ernesto Giménez Caballero,
figura clave, según muchos autores, del primer fascismo español[1]
y vinculado, después, a la Falange Española.
Esto es muy
significativo ya que:
Sitúa el
libro dentro del marco ideológico del bando nacional y próximo a los
fascismos europeos.
Refuerza su
lectura como texto útil para la propaganda anticomunista.
Legitima su
tono extremo.
Sin embargo,
hay que matizar ya que Baroja no era un fascista doctrinal, y de hecho
mantuvo siempre distancia con cualquier sistema ideológico cerrado, incluido el
franquismo posterior. Remarcando lo que venimos diciendo, convendría situarlo
con cautela, en esta época, en un carlismo ambiguo.
Contenido ideológico
El libro
articula varias ideas centrales:
Anticomunismo radical. El comunismo
aparece como un sistema violento, destructivo y enemigo de la libertad
individual.
Antisemitismo. Uno de los aspectos más difusos y problemáticos ya que, según los
autores, reproduce
tópicos del antisemitismo europeo de
la época, asociando el judaísmo con el capitalismo, conspiración o
internacionalismo, entre otras cosas. Por ello, decíamos, el contexto era muy
importante para Baroja. Tras él será Onésimo Redondo quien se muestre antisemita
en sus discursos, cosa excepcional en el fascismo español –más proclive o
tendente hacia el catolicismo-.
Esto conecta
con corrientes ideológicas que circulaban en la Europa de los años 30, aunque
sigue siendo uno de los elementos más
criticables de su obra.
Crítica a la modernidad. Aparece un
rechazo del parlamentarismo, desprecio hacia intelectuales y
periodistas y nostalgia
de un orden más “orgánico” o tradicional (en esa mezcolanza de carlismo,
conservadurismo, catolicismo…).
¿Cómo encuadrar ideológicamente la obra?
Aquí está la
clave interpretativa y es que no encaja
limpiamente en una única etiqueta tal y como estamos acostumbrados. Y,
en este sentido, se puede entender como un texto de reacción conservadora
ante la revolución con elementos propios del pensamiento autoritario
europeo de entreguerras, pero también influido por el individualismo
nihilista muy marcado en el autor.
Es decir,
combina tradicionalismo, antimodernidad, antisocialismo y escepticismo
existencial. Es esa mezcla la que lo hace ambiguo y contradictorio, no
pudiendo encajarse en una sola concepción ideológica.
Relación con la identidad vasca
Aunque el
hecho de ser vasco influye, no es determinante –más bien podríamos ver que es
complementario- pues Baroja tenía una visión crítica tanto del nacionalismo
español como del vasco, así como también admiraba ciertos valores tradicionales
como la ruralidad, independencia…, pero rechazaba el dogmatismo. Nuevamente vemos
esa ambigüedad ideológica.
No es un
autor que pueda ser tachado de nacionalista en sentido político, sino más bien un crítico de todas las identidades
colectivas.
Valor histórico
El libro fue
polémico desde su aparición y hoy se sigue considerando una obra menor dentro de su producción (menor no como sinónimo
de importante). Ya que es un documento histórico útil para entender, por
un lado, el clima intelectual de la guerra y, por el otro, la radicalización de
ciertos escritores (acorde al resto de personas que se radicalizaron o que en
un momento dado creyeron en ciertas ideas). Aunque se presente como un texto
con contenidos abiertamente
problemáticos (antisemitismo, deshumanización…), conviene
tener en cuenta la contemporaneidad del autor con su contexto y analizarlo con
los ojos de aquella época, no con los actuales, ya que pone de manifiesto, y
deja al descubierto, muchos problemas sociopolíticos de Europa y España por lo
que diríamos que es un pensamiento crítico y diferente, en España, al del resto
–ya que iba más atrasada en la mayoría de los aspectos con respecto al resto[2]-.
Conclusión
Comunistas,
judíos y demás ralea no es tanto
una obra literaria en su expresión más literal como si un testimonio de
crisis. Siempre grosso modo.
La obra es
una recopilación de un ideario difuso y, en muchos casos, ambiguo donde el
autor expone su cosmovisión del mundo más cercano, de aquella España polarizada
y en guerra. Muestra, a su vez, esa ambivalencia del autor, fruto de sus
inquietudes y del contexto directo y radical que atraviesa.
En este
sentido, como se ha visto, a grandes rasgos, refleja el miedo de una parte de
la intelectualidad ante la revolución, el colapso de las certezas liberales y la
deriva hacia discursos extremos en contextos de guerra, pero también muestra
los límites del propio autor como su pensamiento, se vuelve simplificador y agresivo en lo
político o su rechazo a los sistemas que degenera en un rechazo a colectivos enteros.
En
definitiva, es un libro que debe leerse desde una perspectiva crítica, como un
documento histórico y, a la par, como una obra de pensamiento, siempre dentro
del contexto histórico.
[1] Esta afirmación
es ambigua ya que Giménez Caballero (Gece),
a pesar de ser el primero, o de los primeros, en hablar del fascismo en España,
no aporta nada diferente a la propuesta italiana, es decir, muchos autores
establecen que su dogma e ideología es una copia del fascismo italiano, por lo
que habría que situar el surgimiento de un “fascismo a la española”, según estos
autores, en Onésimo Redondo o Ramiro Ledesma, grosso modo.
[2] En
referencia a la economía, la industria, la entrada de las ideas… por ejemplo el
fascismo no fue una corriente fuerte y asentada en España, no representaba una mayoría
ni un movimiento de masas por muchos factores, mientras que el comunismo no suponía
–hasta 1936- una amenaza real como sí lo era en Europa.

Comentarios
Publicar un comentario