¿Fue el estalinismo un “fascismo rojo”?

¿Fue el estalinismo un “fascismo rojo”?

Debate sobre la naturaleza del régimen de Stalin

 

Un debate incómodo

Durante décadas, el estalinismo se presentó a sí mismo como el antifascismo por excelencia. La URSS derrotó a la Alemania nazi, y ese hecho histórico otorgó al régimen soviético una legitimidad moral difícil de cuestionar durante buena parte del siglo XX.

Sin embargo, ya desde muy temprano algunos autores —tanto de izquierda como de derecha— plantearon una pregunta provocadora: ¿hasta qué punto el régimen de Stalin compartía rasgos estructurales con los fascismos europeos?
¿Tiene sentido hablar de un “fascismo rojo”? Spoiler: si (pero no en esos términos).

La cuestión no es menor. No se trata de un simple adjetivo político, sino de un debate historiográfico real, con implicaciones profundas sobre cómo entendemos el totalitarismo, el siglo XX y la propia identidad de la izquierda europea. En este sentido, el debate va a girar en si consideramos como el fascismo ruso al comunismo estalinista o, si por el contrario, establecemos que en el mismo saco del totalitarismo se sitúan el fascismo, el nacionalsocialismo, el comunismo soviético, el cubano, el chino… al ser todos ellos en su estructura y composición similares.

 


Introducción

No debe extrañarnos que en Rusia apareciera cualquier ideología o movimiento vinculado al nacionalismo ya que este, como destaca Raquel Sánchez García (1999), “ha sido una tendencia generaliza en el mundo político ruso”. O lo que Bolinaga observa como un fascismo sui generis –de su propia especie o propio-, estableciendo que, en Rusia, a grandes rasgos, el fascismo se conoció como Comunismo o Bolchevismo.

A pesar del internacionalismo marxista que se vio en un primer momento –visto como la superación de las diferencias nacionales-, no permitía establecer correctamente una federación, por lo que el socialismo soviético tuvo que adaptarse a la idea estalinista de que el socialismo debía triunfar en un solo país, o lo que es lo mismo, había que asegurar la revolución en la URSS, en lugar de exportarla al mundo.

Sin darse cuenta, en boca de Bolinaga, Stalin continuaba con la idea de “rusificación” de los zares. En 1938 había impuesto el ruso como idioma obligatorio, se invocaba a la patria soviética mientras se ensalzaba a los héroes mitificados por la “Sagrada Rusia”, anterior a la revolución, uniéndolos en una misma “tira” con los prototipos de los soviéticos... Stalin había visto la gran utilidad del uso de la nación como movilizador de las masas, es por ello el giro del comunismo soviético hacia posturas netamente patriotas.

Esta postura estalinista chocó a los ojos de los comunistas convencidos, en un primer momento, y fue aplaudida por muchos fascistas[1]. Fue, incluso, tachado su régimen de fascista o nacionalcomunista. Y aquí surge la clave que puede designar el comunismo estalinista como cercano al fascismo o propiamente fascista siendo una operación tan simple como establecer delante de la palabra “comunista” -como harían otros movimientos con el sindicalismo o el socialismo- la palabra “nacional”. No pasó desapercibido, por tanto, para muchos fascistas europeos y ninguno de ellos lo vio como un régimen negativo, al contrario, lo vieron como una revolución nacional, una revolución que el pueblo ruso necesitaba. Que los fascistas, o parte de ellos, vieran con buenos ojos el comunismo, interpretándolo como una revolución nacional, no quiere decir que lo quisieran en sus respectivos países –de hecho, lo que nos ha llegado hasta la actualidad es precisamente lo contrario: el anticomunismo, antimarxismo-.

¿hasta qué punto el régimen de Stalin compartía rasgos estructurales con los fascismos europeos?
¿Tiene sentido hablar de un “fascismo rojo”?

Esto vuelve de nuevo a traernos, por un lado, la idea de la universalidad e internacionalidad del fascismo, pero, también, por otro lado, la idea de la “genuinidad” del fascismo o del movimiento nacional que conjuga el socialismo y el nacionalismo como pilar fundamental de la ideología en la cual se sustenta su movimiento. También se establece, por tanto, que el Fascismo no es solamente italiano o que, de serlo, los demás fascismos tienen nombre propio y diferente con respecto al italiano. Además, esta visión de observar el comunismo soviético de la época de Stalin como un nacionalcomunismo o fascismo ruso, establece que el régimen de Stalin es también fascista debido a que cumple las características, en comparación, con la denominación genérica del fascismo, en tanto que es un fascismo triunfante y, consecuentemente, presenta rasgos comunes a ese fascismo genérico (socialismo, nacionalismo, revolución, sociedad sin clases, liderazgo de caudillo salvador de la patria, control de los medios y del Estado, el partido-milicia toma el poder y establece que el partido es sinónimo del Estado…).

En tales casos, la Rusia de los años veinte era un hervidero político, un estado en construcción que, en palabras de Bolinaga, “se escondía tras un denso andamiaje rojizo”. En este sentido, el nacionalismo ha sido la amalgama que ha unificado naciones y las ha construido, aunque ha presentado ambigüedades en Rusia y/o la URSS, provocando finalmente alianzas políticas (Raquel García). A pesar del carácter internacionalista del Comunismo, el sentimiento nacionalista predominó en la URSS atrayendo tanto a comunistas como a “rusos blancos” y fascistas rusos, ya que veían en Stalin al salvador de la patria.

Si con Stalin surgió –tímidamente- la expresión nacionalcomunismo, antes de él, en torno al final de la I Guerra Mundial, justo entre la URSS y Alemania surgían ideas controvertidas como la idea de la revolución nacional y el nacional-bolchevismo.

 el nacionalismo ha sido la amalgama que ha unificado naciones y las ha construido, aunque ha presentado ambigüedades en Rusia

Antecedentes: Revolución nacional, nacionalbolchevismo

surge, pues, el Nacionalbolchevismo, como un intento de aliar el movimiento comunista insurgente con los grupos nacionalistas disidentes del ejército alemán que rechazaban el Tratado de Versalles

Autores como Moeller van den Bruck moldearán lo que después se conoció como la revolución nacional. Es decir, la idea de un patriotismo revolucionario, que con el Tercer Reich se hará patente en la sociedad alemana, por ejemplo. La visión de este autor se verá muy influida por el desprecio al liberalismo occidental pero también por la admiración al bolchevismo ruso, aunque con claro componente antimarxista. Y es ahí donde reside el surgimiento del Nacionalbolchevismo. Moeller es coetáneo a los sucesos de Rusia y abogará por la colaboración de Alemania para con la Revolución Bolchevique ya que ahí, según su planteamiento, reside la desestabilización del orden surgido en Versalles. Es decir, en Alemania, en torno a estos años, surge ya el Nacionalismo revolucionario.

El nacionalismo revolucionario tenía gran carga ideológica y debía englobarse en los grandes partidos de masas. Intelectuales como Ernst Junger, Ernst Nieckisch, Karl-Otto Paetel o los hermanos Strasser, entre los más destacados, fueron ejemplo de liderar estas corrientes nacionalistas y revolucionarias, aunque, como coinciden los autores, no eran corrientes con mucho peso en la sociedad.

En torno a 1919, con la Revolución Bolchevique en marcha, encontramos al profesor de derecho de la Universidad de Berlín Paul Eltzbacher. Este profesor sería el primero en utilizar el término al que nos referimos. Por tanto, se observa que la aparición del Nacionalbolchevismo es coetánea al surgimiento de la URSS, mientras se desarrollaba la revolución bolchevique.

En este contexto convulso de posguerra alemán surge, pues, el Nacionalbolchevismo, como un intento de aliar el movimiento comunista insurgente con los grupos nacionalistas disidentes del ejército alemán que rechazaban el Tratado de Versalles (Pierre Broue, 2006)[2].

¿Qué es el fascismo? Definiciones y problemas

Antes de comparar, es necesario definir. Y aquí surge el primer obstáculo: no existe una definición única de fascismo. Los autores no consiguen ponerse de acuerdo sobre una terminología clara, una definición de uno de los movimientos más ambiguos de la historia pero que, sin duda, arrastró a miles de jóvenes a su ideología.

Historiadores como Roger Griffin lo definen como un ultranacionalismo palingenésico: la promesa de un renacimiento nacional tras una supuesta decadencia.
Otros, como Stanley Payne, proponen un enfoque más empírico, identificando una serie de rasgos comunes:

  • Partido único de masas.
  • Culto al líder carismático.
  • Violencia política sistemática.
  • Antiliberalismo y anticomunismo (en el caso clásico).
  • Movilización permanente de la sociedad.
  • Economía intervenida, pero sin abolir formalmente la propiedad privada.

Estas definiciones ya anticipan el problema: el estalinismo no encaja plenamente, pero tampoco queda completamente fuera.

Pero, salvando las distancias, podríamos decir que el fascismo es un movimiento revolucionario –como cualquier movimiento revolucionario ve la violencia como positiva- que combina el socialismo con el nacionalismo –la patria es la proletaria- y que surge en Italia entre 1919 y 1922. Es decir, el fascismo primigenio surgió en Italia, es italiano, y combina la revolución con el nacionalismo y el socialismo. Esos rasgos son los que los autores tienen en cuenta para clasificar a los diferentes grupos europeos como fascistas, por lo que el estalinismo entraría en una primera revisión.

Sin embargo, todos los movimientos destacaron su “originalidad” y evitaron –en la medida de lo posible- ser tachados como fascistas, a excepción de la BUF británica u otros grupos de menor entidad. O séase, los movimientos que surgen en el periodo de entreguerras europeo son nacional-revolucionarios y comparten ciertas características entre ellos, suponiendo una imitación del fascismo italiano. El fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el comunismo / bolchevismo en la URSS, el falangismo en España, las cruces flechadas en Hungría, los lapo en Finlandia, los rexistas en Bélgica, los nacionalsindicalistas en Portugal… son meros ejemplos que muestran los diferentes movimientos nacionalistas y revolucionarios de Europa en esta época.

Rasgos centrales del estalinismo

Sin embargo, debemos observar los rasgos del régimen estalinista consolidado en los años treinta, ya que tiene unas características claras y definidas:

  • Fusión total entre partido y Estado.
  • Eliminación violenta de toda oposición política.
  • Colectivización forzosa y planificación central.
  • Terror masivo (purgas, gulag, deportaciones…).
  • Culto a la personalidad de Stalin.
  • Control absoluto de la cultura y la memoria histórica.

Como señaló Hannah Arendt, el estalinismo no fue una simple dictadura tradicional, sino una forma de dominio total, donde incluso la vida privada quedaba subordinada al poder político. Es decir, se impuso la dictadura del proletariado a su modo, ya que Marx no dejó claro cómo debía ser ni la economía ni la dictadura del proletariado es por ello que su aplicación difiere en los distintos países donde se dio el régimen socialista o comunista con vocación marxista.

el estalinismo no fue una simple dictadura tradicional, sino una forma de dominio total, donde incluso la vida privada quedaba subordinada al poder político

El origen del concepto de “fascismo rojo”

La expresión “fascismo rojo” no surge en la Guerra Fría, sino mucho antes, como se ha vaticinado. Concretamente, en el tiempo, muy cercano a la revolución soviética.

Críticas desde la izquierda

Intelectuales marxistas heterodoxos como Otto Rühle ya en los años treinta sostenían que el bolchevismo había derivado en una forma de fascismo, al sustituir el poder de la clase trabajadora por el de una burocracia autoritaria. Decíamos que Marx no estableció como debía ser la dictadura, y, evidentemente, al haber una dictadura debe haber una burocracia –es decir, alguien por encima del proletariado que lo controle a su vez-.

Desde esta perspectiva, fascismo y estalinismo no serían opuestos, sino variantes de un mismo fenómeno: la dictadura moderna de masas. Siguiendo en la tesitura con la que venimos trabajando, ambos movimientos se inscriben en esa irrupción de la “revolución nacional”.

Uso en la Guerra Fría

Durante la Guerra Fría, el término fue utilizado de forma más burda por la propaganda anticomunista occidental, perdiendo matices y convirtiéndose en un arma retórica.

Esto llevó a muchos historiadores a rechazarlo por su carga ideológica, no necesariamente por su falta de contenido analítico. Lo mismo que ocurre en la actualidad, cuando se ha abusado tanto del término “fascista” que ya ha perdido su significado.

Y es que solo hay que observar que muchos rusos volvieron por propia voluntad a su patria a pesar de que estaba Stalin.

Al inicio, otros tantos rusos se exiliaron debido a su anticomunismo inicial. Según

pasaba el tiempo, regresaron a su patria al ver en Stalin al líder fascista que con tanto anhelo esperaban. Muchos fascistas rusos, junto a monárquicos y conservadores, volvieron a Rusia para ponerse a las órdenes del imperio que se estaba creando bajo la dictadura estalinista.

Según Bolinaga, el retorno de nacionalistas rusos fue más denso que el de socialistas y socialdemócratas. Este hecho explica, quizá, la teoría sobre la que venimos trabajando en la cual el comunismo estalinista puede considerarse cercano al fascismo, sobre todo por observar a Stalin como un salvador de la patria y mostrarse, a su vez, contrario al internacionalismo trotskista. La teoría del Socialismo en un solo país que había establecido Stalin daba sus frutos. En este sentido, los nacionalistas rusos, defensores de aquella “Gran Rusia”, podrían servir al régimen estalinista en tanto que podían ser utilizados para cohesionar el socialismo a través de su identificación con Rusia.

 


Volviendo a la peculiaridad del “fascismo ruso”, podemos ver que muchos fascistas vieron en aquella Rusia un imperio que inspiraba respeto a nivel mundial. Además, la derecha y, sobre todo, la extrema derecha rusa, no necesitaba crear ningún partido opositor ya que tenían un régimen que utilizaba la “mano dura” para con los disidentes, para imponer el orden y, de cara a la política exterior, la URSS se expandía territorialmente, un hecho que también agradaba a los nacionalistas en su vocación imperialista. En este aspecto, resulta destacable establecer que el país pionero del comunismo tuviera un fascismo interno –entendiendo que cumplía las premisas de este movimiento-, es decir, encuadrado dentro de las estructuras del régimen, aunque también fuera de las fronteras de la URSS surgieron varios movimientos considerados como fascistas, siendo el Partido Fascista Ruso (PFR) el más importante y destacado, creado en Manchuria y colaboracionista del Eje durante la II Guerra Mundial.

 

Similitudes entre estalinismo y fascismo

Negar las similitudes sería históricamente deshonesto. Entre las más evidentes destacan:

  • Dictadura de partido único.
  • Culto al líder como figura casi mística.
  • Uso sistemático del terror y la violencia.
  • Campos de concentración.
  • Militarización de la sociedad.
  • Movilización política permanente.

Timothy Snyder ha subrayado que, para millones de europeos del Este, la experiencia cotidiana del poder nazi y soviético fue funcionalmente similar, aunque ideológicamente distinta. Y es que, según Payne, el comunismo difiere más con el fascismo que con el nacionalsocialismo, es decir, las similitudes habría que hallarlas entre la Alemania de Hitler y la URSS de Stalin, pues fueron las dos potencias en Europa que lograron un verdadero control total del estado y la sociedad.

Diferencias fundamentales: ideología y estructura social

Aquí se encuentra el núcleo del desacuerdo historiográfico. Que parece que es el que gana el debate.

Ideología

  • El fascismo se basa en el nacionalismo. No hay lucha de clases.
  • El estalinismo se legitima en una ideología de clase y universalista, al menos en el discurso.

Aunque en la práctica la URSS actuó como un imperio, el lenguaje político seguía siendo internacionalista.

Economía y clases sociales

  • El fascismo preserva la propiedad privada. A pesar de intervenir en la economía (menor intervención económica hubo en la Alemania de Hitler).
  • El estalinismo elimina a la burguesía como clase y establece una economía planificada.

Para historiadores como Moshe Lewin o Sheila Fitzpatrick, esta diferencia es decisiva: el estalinismo no defendía el orden social tradicional, sino que creó uno nuevo, profundamente autoritario, pero no fascista. La diferencia estriba en la propiedad privada vs pública.

·        Por lo tanto, a modo de resumen de los dos puntos anteriores –diferencias y similitudes- se puede establecer que:

El Comunismo comparte muchas premisas con el fascismo, sobre todo con el Fascismo de Alemania o el Nacionalsocialismo:

1.      Componente revolucionario como necesario para fundamentar la base ideológica del movimiento, ya que, como cualquier movimiento fascista, el componente revolucionario daba validez a la innovación ideológica.

2.     En el fascismo y en el comunismo aparece la doctrina revolucionaria de lucha constante, así como la aparición de un elitismo rígido y el principio de una jefatura, en este aspecto, establece Payne que era nacionalsocialista quien seguía a Hitler y que un bolchevique no era necesariamente un marxista sino un seguidor de Stalin.

3.     Se adopta la teoría de las naciones desposeídas o proletarias. Esta teoría surge en Italia a la hora de implantar el nuevo movimiento y, después, la hace suya Lenin y, sobre todo, Stalin al observar la fuerza del nacionalismo como motor de masas.

4.     Ambos movimientos comparten la construcción de una dictadura unipartidista e independiente de cualquier clase. Importancia de la milicia política y, sobre todo, de un partido-ejército, importancia de la autarquía y una completa militarización, aunque esta premisa se da sobre todo en Italia y la URSS (en Alemania predominó la ausencia de una economía de burocracia estatal autoritaria).

5.     También hay similitudes en ambos movimientos a la hora de proyectar la ideología internacionalmente, como alternativa a las ortodoxias imperantes.

6.     Existencia de un líder carismático, el uso de uniformes, símbolos y estética que identifican al individuo con el grupo….

 

Totalitarismo: una categoría alternativa

Ante las limitaciones del término “fascismo rojo”, muchos historiadores prefieren hablar de totalitarismo.

Arendt, Friedrich y Brzezinski propusieron esta categoría para describir sistemas caracterizados por:

  • Ideología oficial totalizante.
  • Partido único.
  • Terror policial.
  • Control absoluto de la comunicación.
  • Movilización permanente.

Desde este enfoque, nacionalsocialismo y estalinismo no son idénticos, pero sí comparables como formas extremas de poder moderno. Mucho más comparables que fascismo-nacionalsocialismo o fascismo-comunismo.

Conclusión: más allá del eslogan

¿Fue el estalinismo un fascismo ruso? La respuesta honesta es: no exactamente, pero tampoco fue su antítesis moral.

Hablar de “fascismo rojo” puede ser insuficiente como categoría analítica si se usa sin matices. El estalinismo fue una forma específica de totalitarismo revolucionario, con rasgos propios y consecuencias devastadoras.

Compararlo con el fascismo no busca equiparar víctimas ni banalizar ideologías, sino entender cómo sistemas supuestamente opuestos pudieron converger.

El debate no es solo académico. En la Rusia actual, el estalinismo es objeto de una rehabilitación parcial: Stalin reaparece como símbolo de orden, victoria y grandeza estatal.

Si no se consideran fascismos, se debe hacer un análisis de cualquier grupo revolucionario, socialista y nacionalista del periodo de entreguerras ya que todos difieren y son esas diferencias las que nos hacen englobarlos o encasillarlos en uno u otro saco. Por ello conviene hablar de movimientos nacionalrevolucionarios y analizarlos con sus similitudes y diferencias o, por el contrario, seguir dividiéndolos y clasificándolos en dos bandos: fascismo y comunismo, a pesar que, incluso, dentro de cada uno no todos los movimientos fueron iguales.


*Más información el fascismo y sus imitaciones/

[1] El propio Mussolini, Niekisch, los hermanos Strasser o incluso Ramiro Ledesma vieron la revolución soviética y su movimiento como el fascismo ruso y como tal lo trataron. Era la revolución nacional rusa para ellos, en Bolinaga (op. cit., pp. 122-123)

[2] Ver El fascismo y sus imitaciones, ediciones fides, 2022, Tarragona, de Álvaro González Díaz

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