Quienes fueron los Tercios españoles y por qué dominaron Europa durante más de un siglo

Quienes fueron los Tercios españoles y por qué dominaron Europa durante más de un siglo

 

Durante los siglos XVI y XVII, los Tercios españoles se convirtieron en la fuerza militar más temida y respetada de Europa. Su fama no se debió únicamente a la valentía individual de sus soldados, sino a una combinación de organización, disciplina, táctica y experiencia en combate que no tenía parangón en su tiempo. Comprender qué fueron realmente los Tercios españoles permite entender el auge del Imperio español y su hegemonía militar durante más de cien años.

los Tercios españoles se convirtieron en la fuerza militar más temida y respetada de Europa

Origen de los Tercios españoles

Los Tercios surgieron en el siglo XVI, durante el reinado de Carlos I, como respuesta a la necesidad de crear un ejército permanente, profesional y eficaz. Frente a las levas medievales temporales, los Tercios estaban formados por soldados experimentados, muchos de ellos veteranos de campañas anteriores, lo que les otorgaba una cohesión y una capacidad de combate superiores.

Su origen está estrechamente ligado a los conflictos en Italia y al deseo de la Monarquía Hispánica de mantener el control de sus extensos territorios europeos.

Aunque se puede establecer que con anterioridad los tercios ya existían, de manera oficial, surgen mediante las ordenanzas de Génova en torno a 1536. Surgen en Italia desde donde se controla Europa en caso de conflicto. El antecedente está en los soldados experimentados de la Reconquista, sobre todo de la Guerra de Granada y en el Gran Capitán, piezas claves ya que se conjugan la experiencia y rudeza de la guerra con los avances del mayor genio militar de la época.

 


Organización y estructura militar

Una de las claves del éxito de los Tercios españoles fue su estructura interna. Cada tercio combinaba diferentes tipos de soldados:

  • Piqueros, encargados de mantener la formación.
  • Arcabuceros y mosqueteros, que aportaban potencia de fuego.
  • Oficiales con experiencia real en el campo de batalla.

Además, todos los soldados, portasen el arma que portasen, eran diestros en el manejo de la espada y la daga, las cuales portaban por si hubiera necesidad de combate cuerpo a cuerpo. Los tercios también contaban con una muy estructura jerárquica, médicos… y todo ello en su conjunto los hacia invencibles. La disciplina en ellos era el credo.

Esta combinación permitía a los Tercios adaptarse a diferentes situaciones de combate, tanto defensivas como ofensivas, algo poco común en los ejércitos europeos de la época, todavía atrasados y con fuerte presencia de caballería pesada –al estilo medieval. O séase, la adaptabilidad al terreno y a las situaciones era una de sus características principales, de igual forma que la versatilidad y movilidad.

 Una de las claves del éxito de los Tercios españoles fue su estructura interna

Tácticas de combate

Los Tercios desarrollaron una forma de combatir basada en la disciplina y la resistencia. Sus formaciones compactas eran capaces de resistir cargas de caballería y enfrentarse con éxito a ejércitos numéricamente superiores. Estas formaciones permitían la disgregación de sus cuadros en otros más pequeños, sumar cuadros para hacerlos más grandes… y sobre todo una mejor maniobrabilidad en combate pudiendo atacar o defender en cualquier dirección. Todo ello, recordemos, gracias a la disciplina y la combinación de armas blancas con armas de fuego, caballería ligera y la experiencia.

La clave no era solo la técnica militar, sino la capacidad de mantener la cohesión bajo presión, algo que convirtió a los Tercios en un símbolo de fortaleza y profesionalidad militar.

La clave no era solo la técnica militar, sino la capacidad de mantener la cohesión bajo presión

La vida del soldado

Lejos de la épica idealizada, la vida cotidiana de un soldado de los Tercios era dura. Mal pagados, lejos de su tierra y expuestos constantemente al combate, muchos soldados sobrevivían gracias al compañerismo y a una fuerte identidad colectiva –lo que se conoció como camaradería-.

Este espíritu de cuerpo fue fundamental para su resistencia y explica en parte por qué los Tercios lograron mantenerse operativos durante tanto tiempo. Además de su experiencia y espíritu combativo.

En el campo de batalla eran aguerridos y se comportaban como uno solo. Podían enfrentarse a muchos siendo ellos inferiores –de hecho, eran lo que solían hacer la mayoría de las veces-. Ese espíritu también se veía en las operaciones especiales o en la primera línea, siendo ambas demandadas por los españoles.

 

Declive y legado histórico

La derrota en Rocroi en 1643 simboliza el inicio del declive de los Tercios, aunque no su desaparición inmediata. Más que una derrota militar aislada, Rocroi representó el cambio de los tiempos y de las formas de hacer la guerra en Europa. Rocroi fue una batalla más, pero magnificada por Francia, no marca el declive español como se ha venido diciendo, para ello habría que esperar unos 15 o 20 años más, pero, sin embargo, deja de manifiesto que ya se vislumbraba un cambio, un punto de inflexión en cuanto a la forma de combatir.

Para ver su declive debemos irnos a la batalla de Amexial, o Estremoz, en Portugal en 1663 y su desaparición ya en 1704 de manera oficial cuando desparecen los tercios dando lugar a los regimientos.

Aun así, el legado de los Tercios españoles perdura como uno de los capítulos más importantes de la historia militar de España y de Europa.

 

Conclusión

Los Tercios españoles no fueron invencibles, pero sí extraordinarios para su época. Su dominio durante más de un siglo demuestra que la disciplina, la organización y la experiencia pueden ser tan decisivas como la superioridad numérica.

Cambiaron el modo de hacer la guerra para siempre, rompiendo con los esquemas medievales, dando importancia a la infantería y las armas de fuego a través de cuadros compactos y disciplina.

Su presencia en los campos de batalla europeos les hizo hegemónicos durante unos 150 años aproximadamente, años en los que dominaron el arte de la guerra.

 

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