Barcelona, la cuna inesperada del fascismo español (1919–1923)

 Barcelona, la cuna inesperada del fascismo español (1919–1923)

Antes de Falange y Ramiro Ledesma, el fascismo organizativo echó raíces en la Barcelona convulsa del pistolerismo y el orden militar.

 

Cuando se habla de los orígenes del fascismo español, el imaginario colectivo apunta casi invariablemente a Ramiro Ledesma, José Antonio Primo de Rivera y la Falange.

Pero una nueva mirada historiográfica, liderada por autores como Joan Maria Thomas, Xavier Casals y Enric Ucelay-Da Cal, está replanteando este relato. Según estos historiadores, el fascismo español pudo no nacer en el Madrid intelectual ni en el Valladolid castellanista, sino que más bien pudo darse primeramente en la Barcelona turbulenta de principios del siglo XX.

Allí, entre el pistolerismo sindical, el autoritarismo militar y el anticatalanismo militante, se pudieron gestar las primeras formas organizativas del fascismo autóctono.

Ante ello, nos conviene preguntar si pudo ser Barcelona la cuna del fascismo en España o por el contrario hablar de unos precedentes anteriores, a otros ritmos. Sea como fuere, en Barcelona se dan, antes que en ningún otro lugar, unas características que nos hacen dudar, muy similares a la de los países europeos y adaptadas a la idiosincrasia y época, contexto y sociedad... catalanes.

 

El caldo de cultivo: Barcelona, 1919–1923

La ciudad condal vivía entonces una de sus etapas más críticas: huelgas revolucionarias, crecimiento vertiginoso de la CNT, violencia callejera, atentados contra empresarios y represión brutal desde el poder. En este contexto, el poder civil fue desplazado por una alianza entre militares, policías y patronales. El modelo aplicado por el Capitán General Joaquín Milans del Bosch y el gobernador civil Severiano Martínez Anido era una adaptación local del régimen autoritario cubano: lo que los historiadores denominan la "Capitanía cubana" (Ucelay-Da Cal, 2023).

El sindicalismo más radical se encontraba en Barcelona y Andalucía, sobre todo, y con fuerza, el anarquismo. A esto hay que sumar, las huelgas, la guerra de África –en 1921 se había producido el desastre de Annual- y en 1923 daba un golpe de Estado el capitán general de Barcelona, Miguel Primo de Rivera. El catalanismo cogía fuerza también y la burguesía catalana recelaba en parte de sus negocios perdidos en América y reclamaba más protección y atención al Estado español. Eran tiempos convulsos, de regeneración y revolución, pero, sobre todo, de contrarrevolución, donde el ejército tenía mucha influencia mientras los empresarios y obreros cargaban violentamente unos contra otros.

 entre el pistolerismo sindical, el autoritarismo militar y el anticatalanismo militante, se pudieron gestar las primeras formas organizativas del fascismo autóctono

Liga Patriótica Española y escuadras de choque

En 1919 se fundó en Barcelona la Liga Patriótica Española, una milicia compuesta por militares retirados, funcionarios, policías y civiles afines a la derecha más radical. Se autoproclamaban defensores de "la unidad de España" frente al "peligro separatista" y la revolución social. Fueron responsables de enfrentamientos violentos con catalanistas y anarquistas, anticipando el modelo de escuadrismo fascista. Diez años antes de que Giménez Caballero hiciera explícita su adhesión al fascismo en la etapa italiana de su «circuito imperial» y 12 años antes de que surgiera el Partido Nacionalista Español y sus “Legionarios” del profesor Albiñana.

Sin embargo, aunque presentan matices parecidos al fascismo, o propios de este movimiento, todavía suponen un antecedente –anterior eso si- al fascismo español, pues guardan más similitudes con la Francia contrarrevolucionaria y derecha radical de Maurras –Action Française-.

La Liga Patriótica Española fue un movimiento breve en el tiempo -1919-1920- y representa el “españolismo incondicional[1]” (Casals). Se nutrió de militares, policías, funcionarios, obreros carlistas y aficionados del RCD Español. Entre sus principios destacaban un nacionalismo español y una derecha radical y reaccionaria –quizá influida por la cercana Francia donde milicias de extrema derecha de la mencionada Action Française combatían en las calles, o también por la creación de ligas derechistas y patriotas-. La Liga Patriótica participó en reyertas callejeras justo en un momento que el catalanismo se comenzaba a institucionalizar, politizar y asentarse en la sociedad catalana.

A pesar de ello, y con la poca información de la que disponemos, la Liga Patriótica parece más una milicia de Extrema Derecha –contrarrevolucionaria, nacionalista y reaccionaria- que un movimiento netamente fascista, aunque según los vientos que comenzaban a soplar en Europa, y su cercanía y conexión con esta, pudo haber estado influida por diversos grupos como los Arditi, Freikorps, Action Française y, tímidamente, el nacionalbolchevismo.

En resumen, y siguiendo a los autores, la Liga puede considerarse un antecedente de movimientos más revolucionarios y supone una reacción a ese germen “nacionalista catalán” que surgía con fuerza.

 


El Sindicat Lliure: fascismo obrero y empresarial

Fundado por Ramón Sales en octubre de 1919, el Sindicat Lliure (Corporación General de Trabajadores o Unión de Sindicatos Libres) fue una central obrera promovida por la patronal para contrarrestar la influencia de la CNT y, en menor medida, UGT. No solo recibía apoyo financiero empresarial, sino también protección policial y armamento. En sus filas se mezclaban obreros católicos, agentes infiltrados, expolicias, militares, carlistas y pistoleros a sueldo. Para Casals (2023), se trata del primer intento de construir una base social obrera para un movimiento autoritario y nacionalista.

Esta organización sindical obrera se creó en el Ateneo Obrero Legitimista de Barcelona por obreros de procedencia mayoritariamente carlista. Entre sus fundadores se encontraban jóvenes trabajadores y dependientes del comercio que formaban parte de los círculos jaimistas[2] de la ciudad condal. Lo constituyeron el ya mencionado Sales junto a los catalanes Juan Laguía Lliteras, Ceferino Tarragó e Ignacio Jubert.

El propio sindicato afirmaría que surgieron como oposición a la «tiranía» y «antipatriotismo» de la CNT y que sus actividades de pistolerismo fueron "la respuesta a la pasividad del Estado tras ser asesinados varios de sus miembros por parte de anarquistas". Causaron atentados y asesinatos de miembros prominentes de la CNT, como Salvador Seguí y el abogado Francesc Layret, entre otros[3].

El partido jaimista le daría inicialmente apoyo, pero posteriormente ocultaron sus orígenes para proclamar su naturaleza apolítica. Entre sus acciones están las huelgas, negociaciones, boicots e intimidaciones, además de peleas y reyertas contra otros sindicalistas y el uso y presencia de pistolerismo, muy propio de Barcelona en aquella época.

Su crecimiento y visibilidad iba en aumento, destacando una primera fase hasta 1921 con una expansión modesta -10.000 afiliados- mientras que el avance se produce hasta 1922 –gracias a la colaboración con el general Martínez Anido, gobernador civil de Barcelona-, donde llegaron a ser unos 150.000 afiliados. Esto se debe también a la clandestinidad de la CNT. En 1923, se produce el golpe de Estado de Primo de Rivera que da lugar a la dictadura y se produce un retroceso en la influencia sindical (Canal, 2006).

 
Ideología

Aunque es pronto aún para hablar de fascismo, puede ser un antecedente al nacional-sindicalismo español que posteriormente surgirá. Los historiadores coinciden en que es la primera fuerza obrera organizada en el mundo con un carácter marcadamente anticomunista –sus fundadores aspiraban a constituir una fuerza que hiciera frente a la CNT y con influencia en el mundo obrero-. Con inspiración obrera, católica y carlista, y de doctrina gremial tradicionalista –un germen del corporativismo-, su lema fue Justicia y Libertad y se situaban en la esfera de la extrema derecha –gracias a su originario sustrato del carlismo urbano catalán-. Eran profundamente anticenetistas y usaban todo tipo de estratagemas para defenderse y/o atacar llegando a hacer frente al pistolerismo de la CNT con sus mismos medios. Suponían pues una fuerza de choque en las calles y en el mundo obrero a la violencia izquierdista y anarquista. A pesar de todo, cosa que FE de las JONS no lograría plenamente, lograron incorporar y atraer al obrero y al obrerismo a su discurso, llegando a declarar la “unidad de los trabajadores contra el sistema capitalista, en total autonomía” –incluso llegaron a incluir la hoz y el martillo en su emblema- (Álvarez Chillida, 1996).

También se alejaron de un discurso oficial confesional para ampliar su base militante y social, aunque defendían los valores tradicionales –familia, nación y religión-.

Aquí los autores coinciden que puede ser una organización pre-fascista –es decir, anterior al fascismo- mientras que autores como Winston establecen que el sindicato pudo haber sido una variedad de fascismo hispano. Sin embargo, en esa evolución, y con la dictadura de por medio, se observa una deriva –más bien lejanía- de la ideología tradicionalista hasta disolverse en abril de 1931.


 

La Traza: el partido fascista que nunca fue

En la primavera de 1923, militares afines a Primo de Rivera fundaron La Traza, una organización paramilitar con estructura y estética similar a la Milizia Fascista italiana. Aspiraba a convertirse en partido único de orden, pero la instauración de la dictadura de Primo de Rivera en septiembre de ese mismo año desactivó el proyecto y fue absorbida por la Unión Patriótica, partido oficialista del nuevo régimen.

Los expertos reconocen ya un germen del fascismo español en La traza.

Antes de la dictadura de Primo de Rivera, con una Francia convulsa y Mussolini en el poder desde hacía un año, surgió esta organización de inspiración fascista con ámbito de acción en Cataluña. Surgió para enfrentarse al separatismo catalán y estaba sustentada en la ideología de la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional del Partido Nacional Fascista y en la SA -Sección de Asalto del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán-. Compuesta, de hecho, en su mayoría por oficiales de las guarniciones militares de Barcelona y la Capitanía General de Cataluña. Es decir, los propios oficiales y militares son quienes crean el partido-organización de inspiración fascista.

El antecedente lo encontramos en La Liga Patriótica –muchos miembros fundacionales eran exmilitantes de la Liga- y, sobre todo, con el decaimiento del Sindicato Libre. Aparece además un auge en cierto modo del jaimismo como fuerza de choque, mucho más radical que el Somaten –del que hablaremos más adelante-, contra las huelgas, sobre todo, y ciertos movimientos político-sociales que afloraban en Barcelona.

Hizo público su manifiesto en el verano de 1923, unos meses antes del golpe de Estado del general Primo de Rivera, a quien se ofrecieron como fuerza paramilitar (hicieron pública su voluntad de convertirse en partido único, la llamada Federación Cívico-Somatenista). Sin embargo, el general mantenía dudas respecto a la futura estructura del Estado y a los instrumentos de apoyo que crearía, además del ejército, para mantener el poder y el control social.

Lejos de todo ello, solamente llegó a participar, con unos 300 miembros, en el recibimiento a Alfonso XIII y a Miguel Primo de Rivera al regreso de su viaje a Italia el 1 de diciembre de 1923 gritando “¡Por España!, ¡viva La Traza!”.

A pesar de las dudas del dictador y habiéndose reunido este y los representantes de La Traza, finalmente Primo de Rivera optó por el modelo más próximo al Somaten dando forma con ello al partido único Unión Patriótica (UP).

Esto favoreció la decadencia de La Traza ya que muchos de sus militantes se fueron en masa a la UP –obligados ya que era el único partido permitido en España-. Así desde 1924 La Traza se mantuvo a duras penas hasta que desapareció en 1926. Solamente se mantuvo un grupo ínfimo hasta la llegada de la II República española, bajo la dirección del capitán Alberto Ardanaz, quien desarrolló una amistad con Ramiro Ledesma dando lugar a que lo que quedaba de La Traza se fusionase / integrase en las JONS.

 
El Somatén Nacional: milicianos de clase media armados por el Estado

El Somatén catalán, de raíces medievales, fue reorganizado por Martínez Anido y convertido en una milicia civil legalizada que operaba en nombre del "orden". Reclutaba pequeños propietarios, comerciantes y profesionales de la ciudad, armados y con protección jurídica. A partir de 1923, el modelo se extendió por toda España como Somatén Nacional.

Estas milicias eran contrarrevolucionarias y patriotas, financiadas por el estado, de hecho, el somatén actuó en colaboración con las autoridades y grupos ultraderechistas en diversas ocasiones. Así, por ejemplo, colaboraron en la detención de Francisco Ferrer Guardia, acusado de complicidad en el atentado anarquista contra Alfonso XIII; también se les pudo ver en contra de los huelguistas en Alella, en los años anteriores a la dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, el apoyo popular del somatén era escaso, debido a su actividad represiva y de trato favorecedor con las clases altas. Se observa, en esta teoría, que el 25 de marzo de 1919, Joaquín Milans del Bosch decretó que cualquier civil que no perteneciese al Somatén y que portase armas sería reo de rebelión militar, es decir, el Somatén era un instrumento del Estado, institucionalizado y legalizado, el único que podía llevar armas.

Durante la II República fue prohibido a excepción del Somatén catalán, y con Franco, a partir de 1945, recuperado y puesto por toda España, sobre todo para labores de cooperación y apoyo a la guardia civil y en la lucha contra el maquis. Se disuelven en 1978.

El Somatén, como se ha visto, eran milicias contrarrevolucionarias al servicio, sobre todo, de las clases altas y la gran burguesía, un instrumento financiado por el Estado, es decir, carente de elementos revolucionarios, así como de ideología socialista, por lo que no puede ser antecedente del fascismo, sí que puede ser antecedente de la milicia –como usarían requetés y Falange después-.

 
Josep Dencàs y el nacionalismo radical catalán

Aunque contrapuesto ideológicamente a los elementos anteriores, Josep Dencàs, consejero de Gobernación de la Generalitat en 1934, también presenta rasgos fascistas. Autodenominado “nacionalsocialista catalán” (González Calleja, 2011), promovió una milicia paramilitar y un discurso racista, autoritario y elitista dentro del catalanismo (Viento Sur, 2023).

Participó en los complots previos a la proclamación de la “República Catalana” (unos 3 días duró) en 1931 y también participó en la fundación de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Después, se centró en organizar las Joventuts d'Esquerra Republicana-Estat Català (JEREC), con el objetivo de ir ganando peso dentro de la propia ERC. Según los expertos, también estuvo detrás de la creación de unos grupos de acción, los llamados Escamots, que el propio Dencàs dirigió. Fue considerado uno de los líderes más violentos del JEREC, llegando incluso a ser descrito como líder del fascismo catalán.

Fue uno de los máximos responsables de la proclamación unilateral del Estado Catalán el 6 de octubre de 1934.

Dencàs había mantenido contactos con diplomáticos de la Italia fascista en vistas a una posible cooperación y desde su cargo se dedicó a organizar los preparativos para la rebelión contra el gobierno central. Fue el responsable directo de la formación de grupos paramilitares que él mismo dirigía y la detención de varios militantes anarquistas de la CNT. Sin embargo, fracasó y optó por salir del país, llegando a emprender la huida por las alcantarillas de Barcelona.

No obstante, algún autor le ha atribuido un papel meramente instrumental, como un medio de provocación al gobierno de la República. Pues no volvió a ERC y tras volver a España, durante la guerra civil, se exilió a Italia y posteriormente a Marruecos donde montó un hospital benéfico.

Este político, aunque desde el punto de vista “nacionalista” catalán lo mencionamos porque supone también un antecedente previo al fascismo español, o en España, sin embargo, lejos de ahí no tuvo más repercusión.

 
El salto a la ideología: de Barcelona a la Falange

A diferencia de la etapa barcelonesa, de la que venimos hablando, (1919–1923), centrada en el orden, el escuadrismo y la represión, el fascismo de los años treinta (1930–1934) fue eminentemente ideológico.

Nació con proyectos como las JONS (1931), el Partido Nacionalista Español de Albiñana (1930) y finalmente Falange Española (1933). Ramiro Ledesma y José Antonio Primo de Rivera recogieron la estética fascista internacional, pero redefinieron el mensaje en clave espiritual, nacional y revolucionaria. En este sentido, la etapa catalana fue un fascismo “organizador”, mientras que la madrileña fue un fascismo más “ideológico” (Casals y Ucelay-Da Cal, 2023).

Thomas (1992) destaca que el surgimiento de FE de las JONS en Cataluña se hace según los cánones del fascismo en toda España, es decir, la Falange se asienta en Barcelona en torno a 1933 y en el 34 se fusiona con las JONS. Gracias a los movimientos previos que había en Cataluña, como se ha visto, la violencia anarquista, sobre todo, los contactos entre intelectuales y militares, se consigue crear el movimiento en Cataluña.

Para entonces, ya había habido ensayos previos como se ha visto. El nacionalismo, las milicias, el sindicalismo eran características asentadas, pero ahora se añadía la revolución, por lo que FE de las JONS ya era un movimiento definido como fascista, un fascismo español.

Se impone un movimiento de acción, con experiencia previa, pero ahora conjuga la intelectualidad, la poesía, la retórica, la seriedad, el uniforme, el saludo, la simbología, la mezcla de burguesía, estudiantes y obreros.

 


Conclusión

La historia tradicional nos ha contado que el fascismo como tal surge con Onésimo Redondo y ramiro Ledesma entre Valladolid y Zamora. Si bien es cierto, anteriormente, y antes también de Giménez Caballero –considerado el padre intelectual del fascismo-, se observan unos antecedentes que lo sitúan fuera de Castilla, concretamente en Barcelona.

El mito fundacional de Falange ha ocultado durante años unos antecedentes del fascismo en España. Como se ha visto, muchas de sus herramientas —milicias, nacionalismo, culto al orden, violencia callejera, movilización de masas conservadoras u obreras— ya estaban operativas en la Barcelona de principios del siglo XX.

Comprender este origen ayuda a matizar el papel de Cataluña en la historia de España y a replantear los vínculos entre orden, violencia y política en el siglo XX.

Además, los precedentes del fascismo español, el protofascismo que se fraguaba en Cataluña, van a ser claves para la configuración de la unidad de España, el nacional-sindicalismo, la violencia callejera, las milicias, la revolución, el obrerismo, en nacionalismo… con unos matices tan varipintos como caracteristicos: el equipo de futbol del Espanyol, el sindicalismo anticomunista, la violencia callejera, los militares, contactos e influencias de europa…

No hay que restar importancia, por tanto, a las diversas modalidades que surgen en Cataluña desde muy temprano, ya que confrontan unas características y antecedentes que iran moldeando el fascismo español hasta su surgimiento y culminación.

 
Bibliografía y fuentes

Casals, X. y  Ucelay-Da Cal, E., El fascio de las Ramblas: los orígenes catalanes del fascismo español, Pasado & Presente, 2023

Conversación sobre Historia (2023), El fascio de las Ramblas https://conversacionsobrehistoria.info/2023/10/31/el-fascio-de-las-ramblas-los-origenes-catalanes-del-fascismo-espanol/

Gonzalez Cuevas, Pedro C., Historia de las derechas españolas: De la ilustración a nuestros días, Biblioteca Nueva, 2000

La Vanguardia (2023), El fascismo español nació en Barcelona https://www.lavanguardia.com/cultura/20231103/9349276/fascismo-espanol-nacio-barcelona.html

Thomas, Joan M., Los fascismos españoles, Planeta, 2011

Thomas, Joan M., Las Falanges de Barcelona entre 1934 y 1940, revista Analfabetismo y política nº7, 1992, pp. 99-113

Viento Sur (2023), El impacto del fascismo italiano en Barcelona: el centenario https://vientosur.info/el-impacto-del-fascismo-italiano-en-barcelona-el-centenario/



[1] Configurado en el siglo XIX entre los peninsulares de La Habana ante el secesionismo cubano

[2] Uno de los tantos nombres con los que se conocía a la Comunión Tradicionalista, establecida legalmente en 1869

[3] Según Feliciano Baratech, uno de sus fundadores, los Sindicatos Libres nacieron como oposición a la CNT, que "mediante la coacción y el terror habría obligado a todos los obreros a ingresar en su organización".

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