¿Pudo haber sido octubre de 1934 la “Marcha sobre Roma” del fascismo español?
¿Pudo haber sido octubre de 1934 la “Marcha sobre Roma” del fascismo español?
El octubre de 1934 español suele recordarse por la Revolución de
Asturias, aquella insurrección obrera que sacudió la Segunda República y
que muchos en su momento vieron como el preludio de una guerra civil. Sin
embargo, mientras las minas asturianas ardían y los obreros se alzaban contra
el Estado, en Madrid ocurría algo muy distinto: Falange Española de las JONS
(FE de las JONS) celebraba su I Congreso Nacional.
Allí, José Antonio Primo de Rivera fue confirmado como Jefe Nacional,
dando forma definitiva a un movimiento que aspiraba a renovar España desde
postulados nacionalistas, autoritarios y revolucionarios.
Lo curioso es
que, justo en esos días de agitación, la Falange organizó una gran
manifestación en Madrid, improvisada pero multitudinaria. A ojos de algunos
contemporáneos, podía parecer el inicio de algo mayor, tal vez la versión
española de la “Marcha sobre Roma” que llevó a Mussolini al poder doce años
antes.
Es decir, tras estos hechos se abría una oportunidad y es ahí donde surge una
hipótesis sugerente ¿pudo haber sido aquel octubre el momento propicio para una
“Marcha sobre Roma” a la española? ¿Por qué la Falange no actuó con la misma
contundencia que otros movimientos fascistas europeos?
A pesar de
todo, FE de las JONS no supo aprovechar la coyuntura.
Octubre, 2025
la Falange organizó una gran manifestación en Madrid, improvisada pero multitudinaria. A ojos de algunos contemporáneos, podía parecer el inicio de algo mayor, tal vez la versión española de la “Marcha sobre Roma”
España, 1934: un país al borde del abismo
La Segunda República vivía entonces uno de sus
momentos más frágiles –aunque nunca fue un sistema que cuajó ni tan siquiera
funcionó-. La coalición de derechas había ganado las elecciones de 1933, y la
izquierda —sobre todo el PSOE y la UGT— veía en ello una amenaza “fascista”.
Cuando la CEDA, el partido de Gil Robles, entró en el gobierno, los socialistas
llamaron a la insurrección. Por lo que el año de 1934 era un año convulso y un
punto de inflexión sociopolítico.
En este sentido, la coalición republicano-socialista de 1931 había dado paso
a una creciente polarización que se materializaba por un lado, en la derecha católica
agrupada en torno a la CEDA y, por otro, en un movimiento obrero radicalizado,
encabezado por el PSOE y la UGT.
El resultado fue una oleada de huelgas, levantamientos y violencia en buena
parte del país, con su epicentro en Asturias, donde mineros armados
proclamaron una efímera república socialista. Además, se llegó a vivir un
auténtico episodio de guerra civil localizada. Preludio de lo que sería 1936.
En ese clima de enfrentamiento y caos político-social, Falange Española de
las JONS, todavía pequeña y sin apenas estructura (pues aun trataba de
consolidarse como un movimiento marginal con escasos militantes y recursos),
vio una oportunidad para hacerse oír.
Aunque su respuesta fue muy distinta de lo que se esperaría de un
movimiento fascista al estilo europeo.
FE de las JONS había convocado un consejo nacional, el I Consejo Nacional. Y,
casualidades del destino, tanto la revolución de octubre como el consejo, se
produjeron a la vez.
El I Congreso Nacional de FE de las JONS
En los primeros días de octubre de 1934, mientras el
país se precipitaba hacia la insurrección, FE de las JONS celebraba en Madrid
su I Congreso Nacional. José Antonio fue confirmado como Jefe Nacional, lo que
dio al movimiento una estructura más definida, aunque todavía sin capacidad de
movilización masiva. Se pasaba del triunvirato que había en el que Ramiro
Ledesma, Ruiz de Alda y José Antonio ejercían de jefes nacionales, a un
movimiento de mando único en el que solo había un jefe.
En este contexto, estalla la denominada Revolución de Octubre en Asturias,
sobre todo, Barcelona –donde se llega a proclamar el Estado Catalán- y Madrid,
en menor medida. La insurrección no se quedó ahí y se extendió en tiempo y
forma, teniendo que intervenir el ejército desde África para sofocarlo. La Republica
decretó el Estado de Excepción.
Los sucesos revolucionarios sorprendieron al movimiento en plena
reorganización. Frente a la violencia desatada en Asturias y la agitación en
otras regiones, Falange reaccionó con una postura ambigua: de solidaridad con
el orden establecido, pero sin la fuerza ni la intención de subvertirlo por sí
misma. Hay que recordar que en el norte muchos falangistas combatieron la insurrección
como milicias al lado del gobierno.
Pese a ese clima, José Antonio no llamó a la insurrección ni a una toma del
poder al estilo mussoliniano. Por el
contrario, FE de las JONS ofreció su colaboración al gobierno para mantener el
orden, llegando incluso a plantear la posibilidad de actuar como milicias
urbanas al servicio de las autoridades republicanas.
José Antonio y la “no-marcha” sobre Madrid
Lejos de lanzarse a un desafío contra el régimen republicano, como habría aprovechado
–o al menos haberlo intentado- cualquier movimiento europeo similar en la época,
José Antonio ofreció al gobierno la colaboración de sus militantes para
mantener el orden. Llegó incluso a plantear que podrían actuar como milicias
urbanas al servicio de las autoridades, frente al peligro revolucionario,
como ocurrió en Asturias.
Aquella gran manifestación en Madrid, más que un intento de toma del poder, fue
una protesta anticomunista y una demostración de presencia, sin
violencia, sin ocupaciones, sin ultimátum.
La diferencia
con Mussolini en 1922 o con Hitler en 1933 no puede ser más clara. Ni la
Falange tenía el apoyo masivo que tuvieron las camisas negras o las SA, ni
contaba con la complicidad del ejército o de las élites. España no estaba aún preparada
para una aventura de ese tipo.
José Antonio, por su parte, todavía se movía entre la política parlamentaria y
la construcción ideológica de su movimiento, aún más preocupado por definir su
discurso que por conquistar el poder. Algo que le echaría en cara Ramiro
Ledesma, más revolucionario que él.
Continuando con
el relato. En Asturias estalló una revolución socialista, en Cataluña se
proclamó el Estado Catalán y en diversas zonas como Ferrol o Madrid, por
ejemplo, estallaron intentos de conatos revolucionarios.
Mientras esto ocurría,
a los pocos días, la Falange organizó en Madrid una gran manifestación contra
el comunismo y la revolución, en la que participaron centenares de
simpatizantes. Aunque en apariencia podía ser el germen de una “marcha sobre
Madrid” de corte fascista, lo cierto es que el acto se limitó a una
demostración simbólica, sin vocación insurreccional, ni coordinación con el
ejército o con otros sectores conservadores. La revolución quedaría aplazada,
pendiente.
José Antonio se
cuidó de no desafiar directamente al gobierno. El objetivo era proyectar una
imagen de orden y firmeza frente al caos revolucionario, pero sin cruzar la
línea de la subversión. El movimiento no estaba preparado ni en número ni en
estructura para una acción de gran escala. La Falange era, entonces, más una
vanguardia ideológica que una fuerza paramilitar.
Un fascismo prematuro
La comparación con otros fascismos europeos deja claro que el español de
1934 fue un fascismo todavía en pañales.
Faltaba:
-
Un movimiento
de masas organizado y disciplinado. Un aparato paramilitar consolidado como las camisas negras o las SA.
-
Una estructura
paramilitar real. FE de las JONS aún no estaba organizada y su jerarquía se
estaba decidiendo en ese momento. A pesar de tener experiencia en las calles
frente a los marxistas.
-
El apoyo o la
tolerancia del ejército y de las élites conservadoras. Es decir, debía haber
un amplio apoyo de las masas descontentas con el orden
liberal, así como una connivencia o simpatía decisiva del ejército y las
élites.
La diferencia
con los movimientos fascistas o nacional-revolucionarios de Europa, por
ejemplo, como la Italia de Mussolini o la Alemania de Hitler era significativa.
En España, ninguna de estas condiciones o premisas existía. El ejército seguía
siendo institucionalmente leal, mientras que la derecha parlamentaria CEDA apostaba por el juego legal y el
propio José Antonio carecía del liderazgo carismático y pragmático como el que
permitió a Mussolini tomar el poder.
La Falange era,
en ese momento, una minoría intelectual y juvenil, más romántica que
efectiva, más retórica que práctica. Su fuerza residía en las palabras, no en
las armas.
Por eso, cuando la historia pareció ofrecerle una ocasión —una España en
crisis, un gobierno débil, una revolución en marcha—, el movimiento no supo, o
no quiso, aprovecharla.
El fascismo
español de 1934 fue, más bien, un proyecto
aspiracional, en busca de un espacio político, no un movimiento con
capacidad de acción revolucionaria. Al menos en ese momento.
Esto también se
debe a su tardío surgimiento, a que la derecha copaba el entorno nacional y la
izquierda el obrero y revolucionario.
Una oportunidad histórica que no existió
La “marcha
sobre Roma” española nunca ocurrió. Ni podía. El contexto, las fuerzas, las
alianzas y las condiciones eran muy distintas.
Octubre de 1934, lejos de ser el nacimiento del fascismo español triunfante,
fue la prueba de su debilidad estructural.
La Falange se mantuvo leal al orden republicano mientras denunciaba la
revolución obrera. Su papel fue, paradójicamente, más contrarrevolucionario
que revolucionario.
Tendría que llegar el colapso de 1936 y la Guerra Civil para que aquel
movimiento, minoritario, encontrara el espacio que la historia no le dio en
1934.
Esa “Marcha sobre Madrid” establece y deja de
manifiesto el carácter marginal del movimiento, un movimiento que estaba
despegando aún. FE de las JONS carecía de fuerza, de apoyo sociopolítico y de coordinación
–atracción- con el ejército.
En definitiva, octubre
de 1934 no fue la “marcha sobre Roma” española, sino un episodio en el que
el fascismo ibérico mostró su debilidad estructural y su dependencia del
contexto político posterior: la crisis de 1936 y la Guerra Civil serían los
verdaderos catalizadores de su ascenso. Octubre de 1934 no fue la “marcha sobre Roma”
española, sino su reverso. Fue la ocasión en la que el fascismo español mostró
lo que aún no era: un movimiento sin base social ni poder político, atrapado
entre la retórica de la acción y la prudencia de su líder.
Bibliografía de consulta
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and Crisis in Spain 1931–1939, Cambridge University Press, 1975
Gil
Pecharromán, J., José Antonio. Retrato de un visionario, Temas de Hoy,
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Payne, Stanley
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Thomàs, Joan M.,
La Falange de Franco: fascismo y fascistización en el régimen franquista
(1937–1945), Plaza & Janés, 2001


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