La Naturaleza del Régimen Franquista
La Naturaleza del Régimen Franquista: Entre Dictadura, Reino y Democracia Orgánica
Introducción
El régimen franquista, que
se instauró tras la Guerra Civil Española (1936-1939), ha sido objeto de
intensos debates historiográficos –y políticos- debido a su complejidad y
capacidad de adaptación, debido a su naturaleza y a las familias que lo
conformaban.
Aunque comúnmente se le clasifica como una dictadura, su
evolución y las diversas corrientes ideológicas que lo conformaron han generado
múltiples interpretaciones sobre su verdadera naturaleza, siendo
conceptualizado de diversas formas –fascismo, nacionalcatolicismo, democracia
orgánica, reino sin rey...
Este artículo busca analizar más que las características
fundamentales del franquismo, sus transformaciones a lo largo del tiempo y las
diferentes perspectivas académicas que han intentado definirlo, para ahondar en
ese análisis historiográfico.
El Régimen como Dictadura Militar
Desde su consolidación en
1939, el Régimen franquista se
caracterizó por la concentración del poder en la figura de Francisco Franco,
quien ostentó simultáneamente los cargos de Jefe del Estado y del Gobierno,
además, en seguida, fue también nombrado caudillo
y jefe de los ejércitos –Generalísimo-.
El aparato
represivo fue una de las columnas vertebrales del régimen, sobre todo
durante la guerra y los primeros años de gobierno, implementando censura,
tribunales especiales y una fuerte represión política. La supresión de partidos
políticos y sindicatos libres consolidó un sistema
autoritario clásico –propio de aquella época, como se vio en América,
Francia, Alemania, Italia, la URSS, China, Rumania, Portugal…-.
Es decir, todo dependía de Franco.
En definitiva, desde el primer momento, se considera
dictadura debido a que el poder absoluto se concentraba en la figura de Franco
-jefe del Estado y del Gobierno, de los ejércitos…-.
Un Reino sin Rey
En 1947, mediante la Ley de Sucesión, España fue
proclamada como un reino, aunque sin monarca en el trono. Franco se reservó el
derecho de nombrar a su sucesor, actuando de facto como regente vitalicio.
En 1969
designó a Juan Carlos de Borbón como su
sucesor, aunque mantuvo el poder hasta su muerte en 1975. Esta situación
creó una paradoja política: un reino sin
rey, gobernado por un dictador que se atribuía la legitimidad monárquica
sin ser monarca.
En este sentido,
la situación de la política española era caótica y Franco ostentaba todos los
poderes, por lo que, en este sentido, seria regente en ausencia del rey Don
Juan de Borbón. Este rey no reinaría, sino que lo haría en su lugar su hijo,
Juan Carlos. Don Juan seria el designado en la línea sucesoria y legitima, sin
embargo, se elige a Juan Carlos. No es la primera vez pues, esta situación se
pudo ver con el Sexenio, Amadeo I, la Restauración borbónica… es decir, la
legitimidad monárquica se ha roto según las circunstancias político-sociales
del momento, por lo que no es novedoso con el Franquismo.
Franco se autoproclama Jefe del Estado de manera
vitalicia, aunque nombra a Juan Carlos en 1969 como su sucesor, futuro Juan
Carlos I, rey de España. Además, anteriormente, en 1947, con la Ley de
Sucesión, se rescata el termino –para la nación española- de Reino de España.
Fascismo y Primer Franquismo
Durante los primeros años
del régimen, el Franquismo adoptó elementos
del fascismo europeo, especialmente en su estructura de partido único (FET de las JONS), la
exaltación nacionalista y el control total del Estado, además de la estética y
consignas, la manera de actuar, su apoyo incondicional a Italia y Alemania –al
menos hasta 1942 y 1943-….
Sin embargo, a diferencia de los regímenes fascistas
clásicos, el franquismo no promovió una ideología revolucionaria ni movilizó a
las masas de manera similar. Historiadores como Juan José Linz han argumentado
que el franquismo fue un régimen autoritario, pero no fascista en sentido
estricto. Ismael Saz propuso el término "fascistización" para
describir la influencia fascista sin llegar a una plena identificación con el fascismo.
Y autores como Payne establecen que en
el momento que los militares toman el control del Estado, su estructura,
política… no puede haber fascismo, es decir, debe ser el partido-milicia el que
se haga con el poder “conquista del Estado” como hicieran los italianos,
alemanes o soviéticos, en Europa.
Es cierto que
hasta 1943, aproximadamente, aunque generalizando podríamos establecer hasta
1945 (con el fin de la II Guerra Mundial), se puede observar un régimen con
tendencia al fascismo, sin embargo, carecía de los elementos primarios que lo
hicieran posible, siendo un régimen que simpatizaba con los fascistas o
compartía ciertas características, pero no lo era en su concepción y
surgimiento.
A medida que los
aliados iban perdiendo terreno en la guerra, Franco se aislaba y se distanciaba
de estos regímenes. Por otro lado, el partido que se puede considerar fascista,
es FE de las JONS y estaba totalmente descabezado y sin un poder efectivo,
fuera de lo meramente “estético” y cuantitativo. A diferencia de
Hitler o Mussolini, el Franquismo no creó una ideología original fuerte, sino
que amalgamó varias.
La “Democracia Orgánica”
El franquismo se definió a
sí mismo como una "democracia
orgánica", en la que la
representación política se basaba en entidades naturales –y tradicionales- como
la familia, el municipio y el sindicato, al estilo italiano de Mussolini, a
través de las corporaciones de la vida cotidiana (corporativismo).
Este modelo rechazaba el parlamentarismo liberal y el
sufragio universal, consolidando un
sistema sin pluralismo político. Las Cortes Españolas, creadas en 1942,
carecían de poder legislativo real y estaban controladas por el régimen. En este sentido, el pueblo participa
como miembro de una corporación, no como individuo, y la vida se organizaba a
través del sindicato vertical. Por lo que las elecciones eran indirectas.
Si asumimos esa
teoría política, en España no habría una dictadura, sino que se podría dar por
válido el sistema de democracia, orgánica, eso sí.
Un Régimen Híbrido y Adaptativo
Una de las características
distintivas del franquismo fue su capacidad de adaptación. A partir de los años
60, y antes si se quiere, el régimen transitó hacia un modelo más tecnocrático y pragmático, incorporando a miembros del Opus Dei en el gobierno y promoviendo
el desarrollo económico.
A nivel internacional, España pasó de estar aislada, tras
la II Guerra Mundial, a convertirse en un aliado estratégico de Estados Unidos
durante la Guerra Fría,
especialmente tras los Pactos de Madrid
en 1953. Estos cambios permitieron al régimen mantener su estructura
autoritaria mientras modificaba su imagen externa.
De
los falangistas y carlistas, pasando por los militares, los tecnócratas supusieron
el aperturismo del Régimen, teniendo
a Estados Unidos como aliado, atrayendo empleo y desarrollo, turismo, siendo
una de las principales potencias económicas y militares…, España ya no era una
dictadura que había apoyado al Eje, sino que era un aliado anticomunista, necesario para los intereses americanos.
El régimen evolucionó: del autoritarismo filofascista al nacionalcatolicismo,
luego al desarrollismo tecnocrático (con el Opus Dei), adaptándose de manera
magistral al contexto internacional.
Las “Familias del Régimen”
El
franquismo no fue ideológicamente monolítico, homogéneo a nivel
interno y político. Dentro del régimen coexistieron
diversas corrientes: falangistas, monárquicos, carlistas, nacionalcatólicos
y tecnócratas, además del componente principal, los militares.
Franco supo mantener un equilibrio entre estas "familias", distribuyendo cuotas
de poder y ejerciendo como árbitro supremo. Es decir, había miembros de cada
corriente ideológica ocupando ministerios, secretarias, jefaturas, sindicatos, secciones…Esta
pluralidad interna no se tradujo en apertura política, pero explica la falta de
una ideología única y la maleabilidad del sistema. Ello se traduce en que el Franquismo
no era fascismo, y que, además, Franco debía agradecer la ayuda prestada en la
guerra a todas las familias del régimen, del movimiento, del Bando Nacional…
para evitar desunión y “futuras rebeliones”. Así hizo –demostrando su poder- en
1937 con el decreto de Unificación
donde fusionaba a carlistas y falangistas
en un solo partido, el único, por cierto, legal y permitido en el régimen que, además
de esas corrientes, aglutinaba a sectores monárquicos y católicos, muchos
derechistas y militares… siendo el partido que legitimaba al movimiento.
Las familias,
aunque dispares, eran similares ya que se habían enfrentado al Frente Popular, al Bando Republicano y ahora se aglutinaban en un mismo frente, quizá porque
para ellos, Franco era un “mal menor” en comparación con los republicanos.
En definitiva,
Franco fue arbitro supremo de estas familias y de España, manteniendo orden y
equilibrio entre todas ellas.
Conclusión: ¿Qué fue el franquismo?
El franquismo fue una
dictadura autoritaria personalista, caracterizada por su capacidad de
adaptación y su eclecticismo ideológico.
Aunque incorporó elementos del fascismo, del
tradicionalismo monárquico y del nacionalcatolicismo, no puede encasillarse
plenamente en ninguno de ellos.
Fue un régimen que se presentó como un reino sin monarca,
como una democracia sin partidos y como un sistema revolucionario sin
revolución, adaptando su discurso y estructura según las circunstancias
internas y externas para mantener el poder concentrado en la figura de Franco.
Si distinguimos entre las diferentes fases que hubo,
dentro de la dictadura, se puede hablar de varios Franquismos –en el I
Franquismo predominaría la atracción fascista, en el II, el nacionalcatolicismo,
en el III la tecnocracia…-.
Es decir, no fue un régimen fascista a pesar de haber
estado influenciado por ese régimen en su primera etapa, tampoco fue una monarquía
–en su sentido clásico-, no fue una democracia… fue, un régimen autoritario que
giraba en torno a la figura de su líder que, a su vez, era arbitro supremo, que
supo adaptarse a las circunstancias políticas y económicas del momento tanto
dentro como fuera de España.
BIBLIOGRAFIA
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