Los Cien Mil Hijos de San Luis: ¿intervención o invasión?

 Los Cien Mil Hijos de San Luis:
¿intervención o invasión?

 

¿Sabías que la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis en españa se puede interpretar como una invasión de Francia?

 

“La historia contemporánea de España está marcada por una serie de intervenciones extranjeras que han definido su devenir político. Entre ellas, una destaca tanto por su impacto como por su ambigüedad histórica: la entrada en 1823 de Los Cien Mil Hijos de San Luis, el ejército francés enviado por la Santa Alianza para restaurar el absolutismo de Fernando VII. Pero ¿debemos considerar esta intervención como una invasión en sentido pleno?”
Este artículo explora el contexto, desarrollo y consecuencias del episodio para responder a esta cuestión con rigor histórico.
 

El contexto: la España del Trienio Liberal

Tras el levantamiento de Riego en 1820, se reinstauró la Constitución de Cádiz de 1812, comenzando así el periodo conocido como el Trienio Liberal (1820-1823). Durante esos años, España vivió una intensa pugna entre liberales constitucionalistas y absolutistas partidarios del Antiguo Régimen. Fernando VII, aunque en apariencia aceptó el nuevo orden constitucional, conspiró activamente contra él, contando con el apoyo de sectores reaccionarios dentro y fuera del país.

La situación generó inquietud entre las monarquías europeas, que veían en el experimento constitucional español una amenaza para el orden restaurado tras el Congreso de Viena. Así, en el Congreso de Verona (1822), las potencias de la Santa Alianza (Austria, Prusia, Rusia y Francia) autorizaron a Luis XVIII de Francia a intervenir militarmente en España para sofocar el constitucionalismo y restaurar el absolutismo.

Una entrada en España que se puede traducir como ayuda militar hacia un aliado, pero, también, por el contrario, una invasión.

 


La entrada de Los Cien Mil Hijos de San Luis

En abril de 1823, el duque de Angulema —sobrino de Luis XVIII— cruzó los Pirineos al frente de un ejército de más de 60.000 soldados (aunque el nombre “cien mil” responde más a un ideal de fuerza que a una cifra exacta). Lo hizo con el beneplácito del propio Fernando VII, que esperaba su liberación del “cautiverio” constitucional. A pesar de algunas resistencias, las tropas francesas encontraron realmente poca oposición efectiva debido a:

El desgaste interno del gobierno liberal,

las disensiones

y la escasa movilización popular.

Todo ello hizo posible la rápida ocupación del país. Es decir, los liberales disentían y estaban divididos, agotados, mientras que el pueblo se encontraba inmerso en un “pasotismo” arraigado fruto, tal vez, de los acontecimientos de estas primeras décadas del siglo XIX (Trafalgar, Guerra contra el francés, Levantamiento de Riego…).

Así, el 31 de agosto, Cádiz —último reducto liberal donde estaba retenido el rey— fue tomado por los franceses y el 1 de octubre, Fernando VII fue restituido plenamente en el trono y derogó toda la legislación del Trienio, iniciando la Década Ominosa (1823–1833), una etapa de restauración absolutista y represión feroz. En este sentido, muchos opositores o se exiliaron o fueron perseguidos, comenzando un periodo oscuro en la historia de España donde se repuso el absolutismo monárquico de nuevo.

 

¿Una intervención o una invasión?

Desde el punto de vista militar y geopolítico, la entrada de un ejército extranjero en territorio nacional para derrocar un régimen legítimamente constituido y restaurar el absolutismo puede considerarse una invasión. La operación fue impulsada por intereses monárquicos internacionales, no por una petición formal del gobierno español, que era constitucional –de ahí su ilegitimidad-. A pesar de que el rey “invocado” por los franceses era el mismo Fernando VII –que se hallaba entonces bajo la autoridad de un sistema constitucional al que él mismo había jurado fidelidad-.

La intervención, aunque sin una violencia extrema, violó la soberanía nacional, ocupó militarmente gran parte del país y reprimió a los sectores liberales. La represión posterior, con miles de exiliados y perseguidos, reforzó la percepción de que no se trataba solo de una ayuda fraterna entre monarquías, sino de una agresión contra el pueblo soberano que había abrazado el constitucionalismo.

Es decir, tanto a nivel nacional como internacional, se viola la legitimidad que se había establecido en 1812 y que el propio rey juró apoyar y respetar en 1823. La entrada del ejército francés no fue pedida por el pueblo ni otro organismo público, sino que responde a un juego tiránico entre potencias extranjeras que son las que deciden la movilización de dicho ejército. Sin embargo, el pueblo no le hace frente, así como tampoco lo hace el ejército de nación, salvo algún caso aislado sofocado sin incidente y sin que se diera ninguna batalla de importancia.

 

Reacciones contemporáneas y memoria histórica

Para muchos liberales de la época, la intervención fue vista claramente como una invasión reaccionaria. Los liberales exiliados en Londres, París o Gibraltar lo denunciaron como una humillación nacional. Incluso años después, durante la Revolución de 1830 en Francia, muchos liberales españoles recordarían con amargura cómo la monarquía borbónica francesa había sofocado los avances del liberalismo en España.

No obstante, el régimen absolutista y los sectores conservadores la describieron como una “expedición de socorro”, un acto de solidaridad monárquica y de “liberación” del rey. Esta visión pervivió en ciertas narrativas historiográficas hasta bien entrado el siglo XX, tal y como nos ha llegado a nosotros en la actualidad. Pero hay que replantearse la historia, con otros ojos, los del pasado.

 

Consecuencias y legado

La intervención de 1823 supuso un enorme retroceso político en España. El constitucionalismo fue proscrito, se clausuraron las Cortes, se restauró la Inquisición por un breve periodo y se inició una década de represión contra liberales, intelectuales y periodistas. El país se aisló nuevamente de Europa, que comenzaba a experimentar movimientos liberales e industrialización.

Además, marcó una herida simbólica: la idea de que España podía ser objeto de intervención externa con el consentimiento de su propio monarca, lo que resucitó viejos fantasmas de entreguismo y despotismo. En resumidas cuentas, un tirano, un rey que hace y deshace a su antojo sin consultar con las cortes o violando la constitución según los intereses del momento, nos suena, ¿no?

También, al otro del charco, los españoles atravesaban una guerra civil que culminaría con la pérdida del imperio ultramarino, con la independencia de los territorios americanos, ante un ejército dividido y un pueblo que ya estaba cansado de combatir.

 

 Conclusión: una invasión con forma de cruzada

Aunque presentada en su momento como una cruzada legitimista, la entrada de Los Cien Mil Hijos de San Luis puede y debe ser leída hoy como una auténtica invasión militar encubierta bajo el ropaje de la legalidad monárquica. Su objetivo fue revertir el orden constitucional nacido del pronunciamiento de Riego y devolver el poder absoluto a Fernando VII, anulando la soberanía popular y aplastando la experiencia liberal.

Este episodio es clave para comprender los conflictos entre tradición y modernidad que marcaron el siglo XIX español, así como el papel decisivo que las potencias extranjeras jugaron en la suerte de las libertades nacionales.

Todo ello, recordemos, en un periodo convulso para españa donde además se vivía una división militar con respecto a lo que ocurría en América, un episodio aprovechado por los españoles de América para promulgar sus independencias con respecto a España.

Esta vez, por el contrario, no hubo un levantamiento desde Madrid por parte del pueblo, si el ejército respondió, ni se produjeron pronunciamientos militares para revertir la situación o hacerle frente al menos, no. Esta vez, entraron de nuevo los franceses, pero sin oposición, siendo la historiografía la que ha postergado el nombre de intervención en lugar de invasión.

 

Bibliografía y fuentes:

Artola, M., La España de Fernando VII, Madrid, Espasa-Calpe, 1999. 

Carr, R., España, 1808–1975, Ariel, 1990.

Fontana, J., La época del liberalismo, Crítica, 2007. 

Palacio Atard, V., Fernando VII: Un rey deseado y detestado, Ed. Rialp, 1972. 

 

Archivo Histórico Nacional – Sección de Estado, documentos sobre el Congreso de Verona y la intervención francesa.

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