SANTIAGO Y CIERRA, ESPAÑA

SANTIAGO Y CIERRA, ESPAÑA    

El 25 de julio se celebra la festividad de Santiago Apóstol o Santiago Matamoros, patrón de España, mártir y discípulo de Jesús. Sin embargo, su presencia en España comienza a ser leyenda a partir del siglo IX, aunque según la tradición mucho antes ya había constancia de la historia del santo en tierras hispanas. Es a partir de este mencionado siglo cuando la invocación al santo comienza a ser tradición, sobre todo por la aparición de lo que se ha creído que es su tumba en Compostela, y se menciona su nombre por los cristianos en plena Reconquista de España. Aquí surge el mito y los cristianos le invocarán como protector en la batalla. 

Santiago (Jacobo) el Mayor fue hijo del pescador Zebedeo y hermano mayor del apóstol Juan. Nació en Betsaida (Galilea) y murió convertido en mártir en el año 44. Debido a su nombre original, Jacobo, también es conocido como Diego, Yago, Jaime o Santiago. Según Marcelino González, debido a su temperamento, a Santiago también se le conoce por el apelativo “hijo del trueno” –como le llamaba Jesús-. Tras la festividad de Pentecostés y muerte de Cristo en el año 33 los apóstoles se expandieron por el mundo para continuar predicando las enseñanzas de Cristo y según las leyendas, mantenidas por los autores, Santiago tras vagar por el Mediterráneo acabó predicando en Galicia. 

Las diferentes versiones sobre la evangelización de España mediante el apóstol Santiago establecen que tras atravesar el mar Mediterráneo y tras predicar por Hispania, el santo predicó en Galicia. Sin embargo, la llegada a Hispania no está clara ya que muchos autores lo sitúan en Cádiz, otros en Tarragona, en las costas béticas o portuguesas. Sea cual fuere su origen en Hispania, donde coinciden todos es que provino del Mediterráneo y acabó en Galicia. Tras su paso por Hispania, Santiago consiguió varios discípulos siendo 7 de ellos los que se encargarían de evangelizar esta tierra –los siete Varones apostólicos- y que la leyenda los sitúa junto al santo en Zaragoza cuando la virgen María se apareció en un pilar, reclamando la presencia de Santiago en Jerusalén. Después Santiago regresó a Jerusalén. A pesar de todo ello, no hay constancia documental ni arqueóloga sobre la presencia de Santiago en Hispania, igual que tampoco se precisan datos sobre la presencia de comunidades cristianas en Galicia antes del siglo II. Aunque la tradición sobre Santiago se ha mantenido con gran arraigo en España hasta nuestros días. 

https://museoperegrinacions.xunta.gal/es/visita/que-ver-en-tu-visita/iconografia-jacobea-la-representacion-del-apostol

En este sentido, tras la presencia de Santiago en tierras hispanas, el Cristianismo se expandió muy rápido como bien afirman los autores. Su desarrollo fue intenso. Prueba de ello es que fue en Hispania donde se celebró el primer concilio tras el habido en Jerusalén, el Concilio de Elvira en torno a los años 303 y 324, entre la época de la persecución cristiana de Diocleciano y el Edicto de Milán. 

Leyendas apartes, lo que la historia nos ha legado es que en su estancia en Jerusalén, Santiago es degollado por orden de Herodes Agripa I (Hechos de los apóstoles, 12), siendo de los primeros mártires del Cristianismo. Tras su trágico final, sus discípulos llevaron su cuerpo en un arca de mármol –según Marcelino González- por el Mediterráneo, siendo su destino nuevamente Galicia. Su cuerpo se enterró en Iria Flavia, posteriormente sede episcopal para los visigodos, perteneciente a la archidiócesis de Braga, que comprendía la antigua provincia romana de Gallaecia, en la diócesis de Hispania. Allí permaneció el cuerpo del Santo abandonado durante siglos debido a las diversas invasiones de pueblos barbaros que sufrió Hispania. Su emplazamiento cayó en el olvido aunque se mantuvo la tradición de que Santiago había peregrinado hasta Hispania y predicado. Esta tradición se mantuvo con fuerza sobre todo en el siglo VI. En la segunda mitad del siglo VII, Beda el Venerable describe con bastante precisión la localización exacta del cuerpo del Apóstol en Galicia. Pero habrá que esperar ya que la invasión musulmana de la Península Ibérica a partir del año 711, así como los numerosos cambios políticos, religiosos y sociales que sacudieron esta tierra silenciaron la tradición de Santiago. Sera más pronto que tarde cuando resurja la figura de Santiago. En el siglo VIII, en torno al año 776, Beato de Liébana rescata al apóstol en su “Comentario sobre el Apocalipsis”. Así, llegamos al siglo IX. 

Corría el año 813 y las cosas no marchaban bien para los cristianos españoles que acantonados en los territorios del norte continuaban resistiendo, en inferioridad y de manera desproporcionada, los ataques y razias musulmanes. Bajo el reinado de Alfonso II el Casto, en ese año tan crucial para España y la cristiandad, el obispo Teodomiro, tras observar unas luces en un campo con bastante vegetación, haya la tumba del Apóstol Santiago (Esparza, 2009). El santo estaba cubierto por una losa de mármol y su cabeza se hallaba despojada del cuerpo. Este hallazgo fue bien recibido por la Cristiandad y su noticia rápidamente se propagó por occidente. Así, el Papa difundió la noticia y generó un gran revuelo en Europa pues comenzaron las peregrinaciones a la tumba. Con ello, se cristianizaba el antiguo camino romano –Vía del Finisterre- seguido tradicionalmente por los pueblos de religión céltica y, a partir de entonces, llamado Camino de Santiago. Alfonso II, con este hecho, unificó bajo la protección del santo los reinos cristianos del norte. Sin embargo, no habría que esperar mucho a que el nombre de Santiago resonase en España, una España necesitada de milagros. 


Durante el reinado de Ramiro I de Asturias, se había dictado el “Voto de Santiago” que consistía en que los cristianos peninsulares deberían acudir a Compostela -donde yacían los restos de Santiago hallados en Iria Flavia- para pedir la protección del santo. Milagro, leyenda o historia, lo cierto es que durante el año 844 el rey Ramiro I planta batalla a los musulmanes en Clavijo siendo aquí el lugar en el que se aparece el “Hijo del Trueno”, según las crónicas y los autores, decantando la balanza a favor de los cristianos que obtuvieron una decisiva victoria. Llegados a este punto, el nombre de Santiago ya era muy común en la Cristiandad al igual que su advocación. Tras Clavijo y, concretamente, en la Batalla de las Navas de Tolosa en el año 1212 la presencia de Santiago es una constante ya para las tropas cristianas las cuales le invocarán como protector de España. Santiago, a partir de ahora será “el Apóstol”, “el peregrino” y, sobre todo, en plena Reconquista “Santiago Matamoros”. 

En torno a esta época, concretamente en el siglo XII, nace la Orden de Santiago. Creada por Fernando II de León y destinada a la defensa de Cáceres en 1169, la orden pronto tuvo el cometido de combatir al Islam al igual que protegía a los peregrinos que venían a visitar al santo en Compostela. El maestrazgo de esta orden, a partir de los Reyes Católicos, quedará unido a la corona de España en torno al año 1523. 

https://www.ecured.cu/Orden_de_Santiago#/media/File:Caballeroorden_copia.jpg

Así entramos de lleno en la Modernidad. Un periodo en el que España ostentaba el poder hegemónico en el mundo. El mantenimiento del Imperio Español en el mundo era posible debido al mejor ejercito de la época, los Temibles Tercios de la Infantería española. Soldados disciplinados, combativos y llenos de honor. Españoles en su mayoría que hicieron del mundo un bosque de lanzas españolas. Si bien en la batalla de las Navas de Tolosa se escuchaba por primera vez -o así lo recoge la historia (Pedro Pérez, 2015)- el grito invocando a Santiago no será hasta el siglo XV cuando comience a ser el grito más comúnmente entonado durante las batallas de los españoles. 

¡Santiago y Cierra España! se convirtió rápidamente en el grito de batalla para los españoles modernos, para aquellos soldados católicos y temerarios que invocaban la protección del santo antes o durante la batalla. Aunque la frase característica es esa, muchos autores defienden la idea de que ésta no se decía siempre así, sino que en muchos casos, la frase era alterada de orden o simplemente se gritaban las palabras por separado. En tales casos, la hipótesis más común establece que el grito ¡Santiago y Cierra! o ¡Cierra España! o ¡Santiago y cierra, España! –se quiera decir de una manera u otra- se realizaba justo antes de la batalla y servía para la motivación de los soldados que lo gritaban y también para pedir la protección del santo en la batalla. Otros autores establecen que dicha frase se decía una vez acabado el rezo que los españoles realizaban de rodillas ante un capellán que siempre acompañaba a los tercios, siendo el mismo significado. El significado de la frase se puede interpretar, por tanto, para invocar al apóstol Santiago, patrón de España, y también como una orden militar (la orden militar “cierra” significa trabar combate, embestir o acometer). Pero esta expresión, como se sabe, se refiere a cerrar filas; de este modo se evita que nadie abandone sus puestos de combate y evitar, con ello, que queden huecos que debiliten las filas por parte del enemigo. En este sentido, el nombre de España, gritado al final, haría alusión al destinatario de dicha frase, es decir, a España y a las tropas españolas. Testimonios de esta tradición guerrera de invocar al santo patrón de España lo hallamos en Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes. ¡Santiago, y cierra España! aparece en la obra y causa asombro a Sancho Panza, que reflexiona si España está abierta, es necesario cerrarla. Mientras que en la epopeya española en América también aparecen referencias a esta frase siendo Alonso de Ercilla quien documenta, en La Araucana, su uso bajo la forma ¡cierra, cierra! ¡España, España! Aunque aquí las referencias al santo no aparecen. 

En definitiva, si hablamos de Santiago, ya sea el apóstol, el peregrino o el matamoros, hay que decir que su nombre está íntimamente ligado a la historia del Cristianismo así como a la historia cristiana de España, pero que también está ligado estrechamente a nuestros ejércitos que desde la Reconquista y culminando en la Modernidad lo usaron como grito protector en la batalla. Nuestras victorias, aunque no gustemos de presumir de ellas debido a nuestra olvidadiza y acomplejada historia, se contaron por miles gracias a la protección del santo patrón de España, Santiago, que a su vez protegió a los peregrinos, evangelizó estas tierras y combatió a los enemigos de España. 

 SANTIAGO Y CIERRA, ESPAÑA

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