El Lago Ilmen, un lago español
El Lago Ilmen, un lago español
Un
frio helador, gélido cuanto menos, azotaba nuestros cuerpos. Cuarenta grados
bajo cero marcaba aquel 10 de enero de 1942 el termómetro ¡increíble! Sin
embargo, allí seguíamos los españoles, firmes como una vela, en formación,
recibiendo las órdenes de nuestros superiores. Unas órdenes claras y concisas,
a las que estábamos ya acostumbrados. Con los esquís cruzados en la espalda y
abrigados hasta las cejas, el capitán Ordás nos miraba tranquilamente de reojo
y sabía perfectamente que éramos los hombres encargados para aquella misión. El
aire encogía todos los miembros, todos menos los huevos, el frio se nos metía
en el cuerpo e incluso nos hacía temblar ligeramente, pero temblábamos solo de
frio. Y allí, cuando el sol tímidamente hacia aparición, los 206 españoles
encargados para la misión concluíamos al unísono con un ¡Arriba España!
Tres días antes, el 7 de
enero, una gran ofensiva soviética en el frente norte, es decir, el nuestro,
hizo replegarse a los alemanes. El 140º Regimiento de infantería y el 71º
batallón de esquiadores del IX Ejército soviético habían aniquilado casi por
completo a la 290ª División de infantería alemana del XVI Ejército alemán. La
retirada de los alemanes fue un desastre y ahora apenas quedaban 550 hombres
del capitán Pröhl, junto a algunos rusos blancos, resistiendo en Vsvat, junto a
la desembocadura del rio Lovat, al sur del lago Ilmen. Habían conseguido
refugiarse en un vado y resistir, cercados por unos 3000 soviéticos, con la
vaga esperanza de que llegasen refuerzos.
Temerarios y sonrientes,
anticomunistas y españoles hasta la medula, los 206 españoles, hombres de honor
todos ellos, a las ordenes del capitán Ordás, caminaban lentamente debido al
espesor de la nieve y al frío. Un frío que calaba en los huesos. Las armas en
guardia y los esquís a la espalda, con carámbanos en la barba y en las cejas,
los españoles avanzaban firmes y sin miedo alguno ante la tarea suicida que se
les había encomendado. Aunque hacía 40 grados bajo cero, estaban ya en la boca
del lobo y sabían que iban al infierno, a combatir contra el mismísimo demonio.
Algunos tiritaban bajo el azul Mahón de la camisa que llevaban bajo el uniforme
alemán, pero todos avanzaban. No había tiempo para pensar ni para lamentarse,
todos sabían lo que tenían que hacer, para eso habían entrenado este tiempo y
ahora era el momento. Atrás quedaban sus esposas e hijos, atrás quedaba una
España en paz. Habían venido aquí en busca de un mundo mejor para aquellos que dejaban atrás. Solo tenían en
la mente las órdenes encomendadas mientras el crucifijo que colgaba del rosario
se pegaba en la piel o acompañaba, a modo de decoración, el arma que les
guiaba.
Tras un costoso viaje,
los españoles se paran un momento alertados por un destacamento español que
venía en trineo de hacer una rueda de reconocimiento. A lo lejos ya se oían
algunos disparos. El destacamento español advierte de la dificultad de la
misión ante tanto hielo, nieve y, sobre todo, frío. Los soviéticos eran muchos
y conocían el terreno. Tenían contra las cuerdas a los alemanes. Entonces, los
esquiadores sabían que había llegado el momento y descuelgan los esquís de la
espalda y se los colocan en los pies. Un frío que pelaba, si, mientras, ya no
tan lejos, se escuchaba la triste y agónica melodía de la guerra. Allí,
pensaban los nuestros, resistían los alemanes como buenamente podían. Tal era
el espectáculo que la neblina y el blanco de la nieve se habían convertido en
un lugar gris, en un lugar de muerte y gritos, pero allí resistían aquellos
hombres de Hitler.
Gott
mit uns leían algunos en sus cinturones mientras miraban al
cielo, o lo quedaba de él, pues apenas se veía nada.
—Lo de la hebilla, ¿Qué
es? —preguntó un camarada.
—Creo que significa Dios
con nosotros. —Zanjó otro.
Y lejos de resignarse, se
produjo un silencio y muchos se santiguaron, otros simplemente miraban al
frente y otros tocaban ligeramente aquella hebilla que el ejército alemán les
había dado. Así, si Dios estaba con ellos, ¿Quién estaba en contra? Mirándose
de manera cómplice, cuales chiquillos planeando una travesura, con la
convicción de hacer su trabajo y mirando a la muerte de cerca, a la que ya
tenían ante sus narices, aquellos andrajosos hombres asintieron ante las últimas órdenes recibidas y se bajaron las gafas que llevaban sobrepuestas en
los cascos y se adentraron en aquel lago. Su misión era clara, cruzar el lago
Ilmen, helado a más no poder, y socorrer a los alemanes, romper el cerco y
salvarlos. Simple y llanamente.
Las balas, entonces,
comienzan a silbar sobre sus cabezas. A medida que avanzaban, como podían, ante
esa muralla de acero, bombas y fogonazos de la más vil y traicionera muerte,
los nuestros, a duras penas avanzaban y resistían. Esquiando, lo que mejor
sabían hacer, ante tanto destello y cubriéndose cuando podían, los
divisionarios comienzan a atravesar el lago, sin temor a nada. A pecho
descubierto ante un enemigo agazapado y cubierto, disparando a discreción.
Sin embargo, a medida que
pasaba el tiempo, su camarada el invierno causaba estragos, mas aun que la
propia guerra. Lejos de ser una operación sencilla, esta se complicó. De los
206 españoles iniciales, unos 102 causaron bajas debido a las bajísimas temperaturas
que se dieron mientras estos atravesaban el maldito lago. Aquel día, dentro del
lago, en aquella lejana estepa rusa, dios abandonó a todo el mundo pues no
quería ni mirar. Poco importaban las hebillas ante 53 grados bajo cero que se
registraron aquella jornada. Las balas seguían su curso además de las
explosiones. Muchos caían acribillados y, sobre todo, congelados. Otros perdían
algún miembro fruto de la congelación. Todo daba igual. Los nuestros seguían
cruzando altivos y desafiantes, sonriendo ante tal bella dama como era la
muerte. El lago ya era español de por si pues se habían aferrado aquellos locos
como si este fuera su patria.
Aun así, debido a la
complejidad de la acción, hubo que enviar materiales y médicos y coordinación
logística. Además de las balas, la visibilidad y la indefensión, la orografía
suponía un obstáculo más, como si la nieve, el hielo y el maldito frio no
fueran suficientes. Las enormes placas de hielo suponían un terrible y
grandísimo obstáculo a sortear, cosa que hicieron. La misión seguía adelante.
Mientras esto sucedía,
las posiciones alemanas estaban muy cerca de las soviéticas y el enemigo se
adentraba en territorio alemán de manera muy sencilla. Los alemanes se hallaban
solos y resistían como jabatos en el sur de aquel maldito lago.
Sin embargo, el Cuartel
General español comunica a los alemanes que cumplirán la misión de socorrerles,
a pesar de todo.
El
día 11 de enero la División está en pleno lago. Congelados y acribillados, uno
tras otro, caen los españoles. Aun así, la operación del Lago Ilmen sigue en
pie. El 17 de enero los españoles reciben el apoyo de apenas 40 soldados
letones y, aunque los soviéticos eran unos 3000, las fuerzas hispano-letonas
rompen la línea enemiga.
Ante tal hazaña, mayor
fue el asombro de los soviéticos. Conocedores de aquellas tierras, mejor
comunicados, combatiendo en su patria, avanzaban como verdaderos leones. Cueste lo que cueste era el lema de su
revolucionaria travesía y costase lo que costase envían dos batallones de
refuerzos ¡Dos batallones más! Con ello,
se consigue cercar a los españoles. Estos van cayendo, sí, pero consiguen
abrirse paso entre las líneas enemigas, dejando impresionados a todos. Llegan,
por fin, a las posiciones alemanas. Estamos a 20 de enero de 1942 y el capitán
Ordás afirma lo siguiente por radio al general Muñoz Grandes —hemos establecido
contacto con tropas alemanas, los deseos de V.E. han sido cumplidos, seguimos
luchando.
Tras asegurar el contacto
con los alemanes, mantienen la línea a pesar de la escabechina. Poco importaba
el frio ya a estas alturas.
De los 206 hombres que
partieron hacia la muerte, apenas llegan intactos 12. Unos habían caído fruto
de las balas enemigas, otros congelados y otros estaban siendo atendidos, quizá
se les estaba amputando algún miembro. En total, cayeron unos 102 divisionarios
en aquella temeraria misión que Dios les había encomendado, de los 104
restantes solo 12 llegan ¡Increíble!
El lago, que se había
convertido en una rojiza pista de baile, era suyo. Españoles junto a letones y
alemanes resisten. Y si el lago era un baile, ellos estaban acostumbrados a
bailar con la mas fea. Apenas hubo tiempo para saludar a sus camaradas alemanes
y letones, pero todos sabían que tenían a su lado a los españoles. El día 25 el
Capitán Ordás, notificándole la situación a Muñoz Grandes, pone de manifiesto
la dureza de la batalla nuevamente por radio. En medio de la conversación, el
general pregunta al capitán —¿Cuántos valientes quedan? —a lo que el capitán
responde —señor quedamos 12 combatientes ¡Viva España!
Gracias a esta acción el
Frente del Vóljov se mantuvo estable a pesar del alto coste de sus bajas. Tras
ello, unos meses después, será a la División a quien se le encargue la misión
del rescate de otros 140 alemanes cercados en Mal Samosje. Una misión que
cumplirán también, por supuesto. Sin embargo, en sus guerreras, congelada, se
hallaba la enseña nacional llena de orgullo ante aquellos hijos de la patria
que una vez más asumieron la difícil misión que el destino les había dado en
aquel lago de la muerte, en aquel lago español, ante 50 grados bajo cero como
únicos aliados.

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