Ardo, el Olvidado: El último Rey Visigodo

 Ardo, el Olvidado: El último Rey Visigodo

Mientras se producía la batalla de Guadalete, mientras Rodrigo desaparecía de la historia y los visigodos se refugiaban en el norte, huían o se convertían a la nueva religión, la institución regia se había trasladado a la Septimania, a la Narbonensis, y allí se resistía a morir, al menos por un tiempo.

Es aquí donde surge la figura de un desconocido, el que podríamos considerar el último rey visigodo, el rey Ardo. Un personaje enigmático pero muy interesante en el contexto final del reino visigodo.

 la institución regia se había trasladado a la Septimania, a la Narbonensis, y allí se resistía a morir

Contexto. La caída de Rodrigo

Cuando el rey visigodo Rodrigo fue derrotado en la batalla del Guadalete (711), su figura desaparece de las fuentes. Algunos lo consideran muerto en combate, otros piensan que escapó y murió poco después. Lo cierto es que su derrota desintegró el núcleo central del poder visigodo en Hispania.

Mientras reinaba el caos en Hispania, mientras esta estaba dividida y el poder se desmoronaba en muchas facciones, cada familia apoyaba a unos y otros, el ejército visigodo se desintegraba, no había un comandante que tomase decisiones, los que tenían suerte huían hacia el norte, los que no, caían… mientras cada uno hacía y deshacía a su antojo, mientras el “sálvese quien pueda” corría como la pólvora, la Hispania visigoda en apenas unas horas había desaparecido –aunque no lo sabían los godos-.

Pero eso no significó el fin inmediato de toda resistencia visigoda ni del aparato político heredado.

En ese mismo instante surgía una figura, a menudo olvidada por la historia. Una figura que resistía el envite musulmán y que aun representaba al reino visigodo de Hispania. 

 considerar el último rey visigodo, el rey Ardo. Un personaje enigmático pero muy interesante en el contexto final del reino visigodo

 El “reinado” de Ardo en la Narbonensis

Tras la caída del sur peninsular y de Sevilla, Écija, Córdoba, Cáceres, Toledo…, algunas regiones del norte y noreste todavía no habían sido ocupadas por los musulmanes. En ese contexto, Ardo fue proclamado rey en la Narbonensis, probablemente en torno al 714 o 715, según algunas crónicas. No hay fiabilidad absoluta sobre cómo llegó al trono, aunque pudo haber sido elegido por los nobles visigodos refugiados en Septimania o bien, pudo haber heredado o usurpado el título ante el vacío de poder.

Sea como fuere, Ardo controlaba un territorio reducido, pero legítimamente visigodo, y su reinado puede haber durado hasta aproximadamente 721, cuando los musulmanes dirigieron una campaña para tomar Narbona y la región. En este contexto, se produciría unos años después la batalla de Poitiers (732) en la que los musulmanes tendrán que retroceder hacia Hispania al ser derrotados por Carlos Martel.

Por ello, cuando colapsa el reino visigodo, esa Hispania godo-romana, a pesar que los focos de resistencia goda van cayendo, en el norte y noreste peninsular (al otro lado de los Pirineos) continúan núcleos de resistencia durante unos años más. La derrota de Rodrigo no significó una desaparición instantánea del aparato político visigodo.

Y es que la Septimania era la franja territorial que los visigodos conservaban desde tiempos de Alarico II, incluso después de perder la mayor parte de la Galia (Vouillé, 507). Era ahí, donde la resistencia se encajonó, al menos un tiempo.

 


Ardo, el Olvidado: El último Rey Visigodo

Las fuentes históricas sobre Ardo son escasas, pero significativas. Este rey es mencionado por cronistas como Isidoro Pacense y Frédégaire, por ejemplo, y aparece en algunas listas regias visigodas posteriores. Su reinado puede situarse aproximadamente entre los años 714 y 721 -fecha en que Narbona fue finalmente tomada por las tropas musulmanas-.

Ardo, post Rudericum rex regnavit in Gallia (Ardo, después de Rodrigo, reinó en la Galia)[1] 

Y es que, adaptándonos a las escasas fuentes, Ardo sería elegido por los nobles allí refugiados tras Guadalete. Allí, según cuentan, mantuvo un gobierno visigodo e independiente, al margen de lo que era el conjunto de Hispania –limitado geográficamente a ese espacio reducido de Narbona- pero también al margen de los francos y de los musulmanes.

Sin embargo, ¿es legítimo llamarlo como el último rey visigodo?

Desde un punto de vista político todo apunta a que sí, ya que:

Rodrigo no controlaba todo el reino visigodo: su proclamación no fue aceptada por todos los nobles, especialmente en zonas del noreste. Su poder era frágil y discutido, como lo muestran las luchas internas que precedieron su derrota.

Ardo ejerció poder efectivo durante al menos siete años tras la muerte de Rodrigo.

Mantuvo viva la institución regia visigoda en la única parte del reino no ocupada por los musulmanes.

Su reinado, aunque breve, representó el último intento de supervivencia de la monarquía goda.

La figura de Ardo desafía el relato simplificado de la historia. Su existencia demuestra que la transición entre la Hispania visigoda y al-Ándalus fue más bien fragmentada y desigual.

Además, desde el punto de vista simbólico

Ardo es el eslabón perdido entre la Hispania gótica y la Europa pos-romana del norte. Representa el último vestigio de una legitimidad regia que intentó resistir el colapso y mantener la identidad goda más allá de la Península Ibérica.

Por ello la Septimania representa el último reducto, bastión, del dominio visigodo –era visigoda desde el siglo V- y fue gobernada siempre por duques y obispos leales a Toledo, como la Lusitania o, en ocasiones la Mauritania-Tingitana, por mencionar otros ejemplos. En este sentido, Narbona o la Septimania se convertirían, en un primer momento, igual que la Cornisa Cantábrica, en refugio para los godos que huían, refugio del orden anterior.

Ardo seguramente contó con el respaldo de la aristocracia local y del clero galo-visigodo, teniendo influencia en núcleos importantes como Narbona, Carcassonne y Béziers, entre otros.

Ardo es el eslabón perdido entre la Hispania gótica y la Europa pos-romana del norte

Sin embargo, a pesar de esta anécdota, aquel reducto finalmente fue controlado por los musulmanes en su expansión hacia el norte, aunque después sería controlado por los francos con Carlos Martel a la cabeza, quedando como único reducto de resistencia las actuales Galicia, Asturias, Cantabria, Euskadi y Navarra, que poco a poco irán avanzando hacia el sur.


Conclusión

Aunque Rodrigo representa el colapso visible y patente del reino visigodo, Ardo es la resistencia visible, lejos de la mirada de la capital, Toledo.

Fue un rey sin reino amplio, pero con poder real, en un tiempo en que la legitimidad sobrevivía más en los símbolos que en los territorios.

Reconocer a Ardo como el último rey visigodo no es solo un acto de justicia histórica, sino también una forma de entender cómo las ideas de poder, legitimidad y resistencia sobreviven en la marginalidad.

Cuando se menciona el final del Reino visigodo en Hispania, la figura que suele emerger como símbolo del ocaso es la del rey Rodrigo, derrotado en la batalla del Guadalete en el año 711 por las fuerzas musulmanas. Sin embargo, hay un personaje que, desde la periferia del antiguo imperio visigodo, mantuvo viva la legitimidad regia durante algunos años más.

Por ello Ardo es el último rey y también el primer foco de resistencia ante las hordas musulmanas que en apenas unos 5 años se habían hecho con el control de prácticamente la mayoría de la Península Ibérica –Hispania- y amenazaban con expandirse al norte, donde serán frenadas por los francos.

 

Fuentes

Collins, R., Visigothic Spain, 409–711, Blackwell Publishing, 2004

García Moreno, Luis A., Prosopografía del reino visigodo de Toledo, CSIC, 1974

Heather, P., The Goths, Blackwell, 1996

Fontaine, J., "La Septimanie et la survie du royaume wisigothique", Annales du Midi, 1959

VV.AA., "Visigodos", muy historia, nº 182, abril 2025

Crónica mozárabe de 754 (ed. Juan Gil), Madrid, 1983

 



[1] Mención en crónica medieval atribuida a listados regios

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